Quito. EFE. Atado hace doce años a una silla de ruedas, el vicepresidente de Ecuador, Lenín Moreno, un bromista irreverente y autor de varios libros, halló en la risa el analgésico para sus dolores y en el buen humor el mejor atajo para solucionar los problemas.
«Tenemos que trabajar muchísimo sobre la parte subjetiva del humor pues nadie es feliz si no siente que es feliz. Se puede desprogramar el cerebro y volverlo a programar con felicidad y alegría si éste ha perdido el rumbo», dijo Moreno en una entrevista con Efe.
Calificó de «pobre» el argumento de que no se es feliz porque se ha tenido momentos malos, en lugar de usarlos como experiencia para realzar los buenos y si es con humor, mejor aún.

