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El virus no es mago

El virus no es mago

Pedro P. Yermenos
Forastieri
pyermenos@yermenos-sanchez.com

Todos hemos sido saturados por un cúmulo de informaciones, buenas y malas, sobre la pandemia. Eso ha contribuido al incremento del estrés colectivo, sobre todo si recordamos que constituimos una población que, dado su bajo nivel educativo, también lo es su capacidad para separar lo servible de la basura.
Nada he hecho más en estos días que desarrollar habilidades para depurar el torrente de cosas que sobre el tema, con aspectos diversos del mismo, he recibido. De no haberlo hecho, no habría podido leer los libros que he leído, hacer ejercicios físicos ni compartir con mi compañera labores domésticas.
Algo me ha quedado claro en esa detección de calidad de materiales: De nuevo, la gente, las sociedades, incurren en el error de considerar que, ante situaciones límites, inesperadas, dramáticas, sus existencias y las reglas que las rigen, van a experimentar cambios cualitativos extraordinarios.
Me recuerda cuando en las familias ocurren muertes súbitas. A la salida de velatorios, todos juran que, a partir de ese momento, introducirán modificaciones trascendentes en sus estilos de vida, dándoles importancia a lo que, en ese instante, perciben como prioritario.
Metros posteriores a la salida del camposanto, todo vuelve a la rutina de iniquidades.
Claro que me hago cargo de que la magnitud del problema que enfrentamos dispone de la potencialidad requerida para hacer que hablemos de un antes y un después del coronavirus.
Que es inmensa su capacidad de aleccionar y de colocarnos de frente el espejo donde apreciar las barbaridades en que hemos incurrido; lo que hemos hecho mal para que estos sean los resultados que hayamos obtenido; la frenética distorsión de valores que hemos asumido.
Que todo eso termine revirtiéndose, en cambio, no es algo que podamos esperarlo sentados en las cómodas poltronas de nuestra indiferencia. Obvio que la mayor o menor aptitud de las personas para derivar las lecciones de lo que les pasa, influirá en hacer mejor o peor provecho de esta tragedia.
La cuestión radica en que la principal causa del problema no son los humanos individualmente valorados. Es indiscutible que usted, aquel, inciden en la suerte de los acontecimientos, pero no la determinan a plenitud.
El asunto es más complejo. Tiene relación con sistemas que nos rigen, intereses que prevalecen y voluntades políticas generalmente mal encaminadas. De esos factores preservarse en sus características esenciales, preparémonos, pasada la epidemia, volveremos a ser víctimas del virus que hace siglos nos ataca.

El Nacional

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