Las elecciones congresuales y municipales del domingo son el tema del momento, pues servirán para calibrar el potencial de los partidos con miras a las presidenciales del 2012. En general, la campaña ha sido tranquila, aunque no exenta de denuncias sobre posibles fraudes de parte del sector oficialista y del uso de los recursos del Estado a favor de los candidatos gubernamentales, algo que ha sido tradicional.
Según han dicho voceros oficiales, ante las críticas relativas a la presencia del presidente Leonel Fernández en pueblos y campos apoyando a los candidatos del PLD, éste lo hace despojado de su título oficial y como presidente de esa organización.
Las mayores críticas se han centrado en instituciones que reparten comida y electrodomésticos en las giras del presidente, para conquistar al electorado indeciso. Se añade la gran cantidad de funcionarios que abandonan sus oficinas para hacer campaña, utilizando vehículos y gasolina del Estado, en competencia desleal frente a la oposición.
La propia Junta Central Electoral (JCE) ha criticado ese proceder, pero no tiene los mecanismos para evitarlo. Más temprano que tarde, habrá que buscar una solución radical a ese problema, pues desdice del juego democrático y sus procedimientos.
Es una pena que a casi 50 años de erradicada la dictadura de Trujillo, se apele a métodos censurables como intentar comprar conciencias, especialmente dentro de la clase pobre.
Es cierto que no estamos en Estados Unidos, que nos gusta copiar, pero allí es impensable que un presidente y sus funcionarios usen recursos del Estado para una campaña.
Ese derroche es una desenfrenada propaganda sin justificación. Muchos de los candidatos, sin tradición de lucha por el pueblo, invierten millones de pesos que se afirma se necesitan para llegar al Congreso. ¿Cómo recuperarán esos millones?
Los métodos para mantener el orden democrático se han convertido en un negocio personal y los partidos parecen empresas. Hay que emplear el voto consciente para consolidar la democracia.

