Opinión

El voto de Miguel

El voto de Miguel

“Miguel no tiene la mayoría, pero tiene la estructura del partido, lo que le permitirá ganar la convención”. Es la expresión de un dirigente del PRD de la corriente de Miguel Vargas. Lo primero es cierto, lo segundo no.  Por razones que Guido Gómez y Tony Peña, entre otros dirigentes, conocen bien,  Miguel Vargas obtuvo mayoría, y a los organismos en que no pudo alzarse con el control, el 75%, los dejó sin convención. Logró   mayoría “mecánica” de empleados, no de “compañeros”.

Efectivamente, “Miguel tiene la estructura del partido”. Pero eso no le da mayoría.  La estructura fue impuesta por “el dedo maldito”. Como  fueron impuestos los candidatos a senadores, diputados y regidores.

  Pero además, y esto sí que es importante, el voto de un diputado, alcalde, regidor, sea o no del Comité Político o del Comité Ejecutivo Nacional, vale igual que el voto de un simple militante o simpatizante.

 En medio de una discusión un amigo de la corriente de Miguel me gritó: “Nosotros tenemos la estructura y los recursos económicos. Hipólito no tiene, ni la estructura ni los recursos”. No es cierto, le dije. Hipólito tiene más que eso: tiene el respaldo de las bases  y de la gente del pueblo que irá a votar, gente que no venderá su voto”.

“Estás equivocado, estructura más dinero es igual a victoria. Es un axioma político”, me dijo. –Esa es la filosofía de los inmorales, de los que han hecho de la política un negocio, de los que creen que “todo se compra y se vende” incluyendo la gente.- dije. Y te diré algo más, añadí, la estructura política que ha creado Hipólito, que no es tonto, es más grande y más poderosa electoralmente que la de Miguel, solo que está fomentada en valores, no en dinero.

Los que piensan que pueden rebasar una diferencia mayor de veinte puntos comprando votos y haciendo diabluras en las mesas electorales y en los centros de cómputos,  no están pensando en el PRD ni en el país.  Olvidan que existe la Comisión Organizadora de la Convención integrada por hombres y mujeres honorables, y olvidan que Hipólito se las sabe todas y una más. Y no permitirá que le “ganen” con trampas. Jugamos  limpio, o se rompe la baraia.

El Nacional

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