Opinión

El voto por ninguno

El voto por ninguno

El voto por ninguno parece ser la nueva consigna de algunos grupos, en su mayoría de jóvenes, en lo que parece ser una iniciativa interesante que daría una opción adicional para los votantes al momento de elegir donde tachar su boleta electoral. Lamentablemente, me parece que para esta ocasión la inclusión de esto no será posible, debido al poco tiempo que resta para las elecciones del 16 de mayo y las complicaciones técnicas que representa la inclusión de esa modalidad de voto.

 Curiosamente, y no me explico por qué, han llovido las críticas contra esta iniciativa, todo en nombre de la democracia que costó tanta sangre y lucha, y que los jóvenes de hoy somos unos malagradecidos por estar propugnando por un voto de este tipo.

¿De qué democracia me hablan? ¿La democracia de las encuestas? Porque eso es lo que ofrecen los partidos políticos. Cero propuestas, cero discurso, sólo encuestas y llenándose la boca gritando a todo pulmón que tal o cual encuestadora le da una preferencia de voto de tanto por ciento. Lo siento, pero este tipo de democracia me insulta, y como sé que las opiniones de todos, sí, incluyendo la mía vertida en este diario, les resbala a ellos, es lo justo y verdaderamente democrático hacerles saber lo que pensamos en donde más les duele, en las urnas.

 Mi generación está, ciertamente, muy agradecida de la generación pasada por haber terminado, más o menos, con el círculo de autoritarismo del Estado. Pero lo siento, si pitchearon bien los primeros 8 innings, les cayeron a palos en el noveno, y nos han dejado una democracia parasitaria que a su vez alimenta a un Estado más parasitario aún.

 Ciertamente, el voto, y por ende la opinión de los individuos anda secuestrada a plena voluntad de los partidos políticos. Se ve cada dos años en las elecciones, se ve en las absurdas propuestas de dividir el poder por medio de alianzas, las asignaciones de cargos en todos los estamentos del poder, los funestos 2 y 2  o ahora los 3 y 3. La Constitución misma que hoy nos rige fue un ejercicio de secuestro de la voluntad de los votantes.

 Bienvenidos al Siglo XXI señores políticos, en estos tiempos no compramos cuadros de políticos para ponerlos en nuestras salas, ni nos embobamos con discursos vacíos. Esto es una elección a cargos públicos, y aunque ustedes no lo crean, no, no es una competición para ver quien lo tenga más grande.

 En tal sentido, aunque ahora luzca técnicamente imposible de aplicar, el voto por ninguno quizás sea la forma que podamos rescatar esta democracia y por ende nuestro derecho constitucional. Porque es justo eso, un derecho a elegir, de entre varias opciones, quien manejará el dinero que pago con mis impuestos.

 Una pregunta interesantísima sería: ¿Qué ocurrirá el día que la mayoría independiente, que es la que quita y pone presidentes, senadores y los ahora titulados alcaldes, se anime de forma masiva a votar por ninguno?

 Ni el repudio generalizado en los medios, ni el millón de encuestas que manifiestan la falta de confianza hacia ellos, han cambiado la forma de actuar de los partidos políticos. Ahora lo único que aspiramos es, democráticamente, darles por donde más les duela.

El Nacional

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