Danilo Cruz Pichardo d_cruzpi@hotmail.com
Los electores acudirán a las urnas masivamente y de forma cívica, pero no implica, al igual que en otros procesos comiciales, que sus votos sean computados conforme a su expresión. Es la JCE, de orientación peledeísta, que monta el certamen, establece las reglas, cuenta las boletas a su conveniencia y proclama a los supuestos ganadores.
Se repetiría la experiencia del desequilibrio propagandístico a favor del oficialismo y la campaña sucia en contra de gente honorable. El PLD usará los recursos del contribuyente para comprar partidos políticos y desarrollar un enorme programa de asistencia social en los segmentos más empobrecidos del país.
Como si lo estuviera observando: la compra de cédulas será superior a la del año 2012, los delegados de mesas electorales serían sonsacados con elevadas cifras económicas, las ciudades serían militarizadas, los dirigentes opositores perseguidos, apresados y agredidos. Y los militares no identificados con el PLD serían aislados y acuartelados.
Los organismos de seguridad del Estado seguirían los pasos de los opositores y sus teléfonos serían intervenidos; se repetiría la fiesta de hackeo de correos electrónicos y se incrementaría la censura contra periodistas de medios impresos, electrónicos y digitales que desaprueban los excesos del poderoso e intolerante partido gobernante.
Algunos dirigentes opositores acudirían ante el cavernario presidente de la JCE para evitar violaciones a la ley electoral, pero equivale a “gritar en el desierto”. Los observadores internacionales, muchos de ellos invitados por Roberto Rosario y Leonel Fernández, no ven nada “anormal” y hasta califican el proceso de “fiesta de la democracia”.
La cúpula de la Iglesia Católica, como siempre, también hace su aporte a favor del PLD. Consciente del rosario de irregularidades, llama a los partidos a comprometerse a respetar los resultados, firmando un documento con el mismo texto de la otra vez.
