Las veces que he visitado la ciudad de Hato Mayor, en los últimos meses, encuentro personas que me tocan el tema de las elecciones del año 2010 y casi todas se interesan en saber si buscaría la senaduría provincial en esos comicios.
Pude ser senador, pero en la ocasión el PRD tenía un pacto con el PRI y la candidatura fue cedida al licenciado Iván Rondón Sánchez, prestigioso hombre público y amigo nuestro, el cual se destacó como legislador, por sus proyectos e iniciativas.
Con el sacrificio a la candidatura nuestra, admito que abandoné el escenario y mi incidencia política hoy día, salvo contados amigos, se reduce a cero en la provincia. El actual senador, Rubén Darío Cruz, es hermano del suscrito y ha construido un gran liderazgo, realiza una admirable labor social y comunitaria y es un magnífico orador y legislador. Además, toda la familia lo apoya y aprovecho este artículo para también expresarle mi apoyo, independientemente de la distancia política.
Como resido en el municipio Santo Domingo Este, algunas personas me han sugerido que opte por una diputación y no lo veo mal, pero tengo un hermano diputado en el mismo municipio y por ética jamás le haría competencia. ¡Ni pensarlo!
La más reciente de todas las propuestas consiste en que busque la sindicatura del municipio Santo Domingo Este. Es una idea fabulosa y me encanta. ¿Quién no se sentiría honrado siendo alcalde de uno de los municipios más grandes del país?
El problema es que las elecciones de medio término son excluyentes socialmente hablando. Para diseñar y aplicar un proyecto similar hay que organizar una fuerte estructura, lo que, sumado a la propaganda, conlleva un alto costo económico.
Y se trata de dos procesos eleccionarios, sin saber cuál es más caro. Las elecciones primarias, en ocasiones, resultan más difíciles y costosas que las de afuera, por lo que hay que contar con una millonada y estar dispuesto a gastar.
Es un privilegio del cual gozan los que tienen mucho dinero. Y con el deterioro moral de los partidos, a los militantes de las organizaciones para nada les importa la proveniencia de esos recursos, circunstancia que aprovechan narcotraficantes, mafiosos y funcionarios gubernamentales corruptos para comprar congresos y convenciones.
Naturalmente, no se puede generalizar. Hay candidatos transparentes, que provienen del mundo de los negocios o que han hecho carrera y las posiciones ocupadas les permiten cubrir los gastos.
Pero independientemente de etiqueta moral, en las elecciones de medio término, no se puede aspirar sin dinero, a menos que se trate de un fenómeno político, con carisma, trabajo social y comunitario y discurso persuasivo, cualidades que motiven a la propia gente a buscarle ayudas, tal y como ocurrió con Obama en Estados Unidos.
Los fenómenos políticos, empero, son como los cometas, que salen cada cien años. Lo ideal sería reformar la Ley Electoral, prohibir el clientelismo, regulando la campaña interna y que la Junta Central Electoral organice las primarios de los partidos políticos para acabar con su carácter excluyente.

