En un país como el nuestro donde el sinvergüenza puede tener credibilidad, todo es posible. El hecho de invertir en la política con sentido comercial abre un amplio espacio para que la delincuencia por formación y convicción se haga sentir por medio de sus opiniones y llega a tener un espacio en el ambiente político nacional.
La prostitución del accionar político guarda relación directa con las clases sociales que inciden en la dirección de los partidos del sistema y que luego llegan a dirigir el Estado.
Hay que partir de esta idea para poder comprender que los hechos que ocurren en el país a nivel de corrupción se comprenden con facilidad si se toma como punto de referencia el carácter, la posición clasista de las cúpulas que controlan las organizaciones que han estado la frente del poder político estatal del país.
Cada vez que se acerca un proceso electoral, a lo mejor del país se le presenta la oportunidad de reflexionar con relación a lo que han sido los politiqueros desde el punto de vista de la decencia política, a lo que han hecho desde el Estado.
La generalidad de los que se lanzan en busca de votos para, por ejemplo, alcanzar un cargo municipal o en el congreso, de seguro que ya han tenido la ocasión de demostrar si sirven o no para representar a los que delegan su voluntad política por medio del voto.
Un análisis sereno y desapasionado que haga cualquier elector o electora dominicana se va a dar cuenta que aquellos elegidos en los cuales ha confiado han hecho todo lo contrario de lo que prometieron al momento de solicitar a los votantes el favor de su voto.
A un hombre o mujer decente le resulta difícil, muy difícil, muy difícil, combinar su comportamiento, su forma de ser, e l accionar de su vida con la que luego exhibe el que ocupa un cargo como regidor, sindico, senador o diputado y hasta como Presidente de la República.
En este país ningún ciudadano o ciudadana que se respete, con una formación familiar ejemplar, puede llegar a comulgar con las cosas sucias y feas que a diario ocurren en los ayuntamientos y en el Congreso Nacional.
Es posible que la generalidad de los que han ido a las urnas en los últimos año, a votar por determinados legisladores, hoy se sienten frustrados, indignados, porque se han dado cuenta que hicieron una mala selección escogiendo como regidor, sindico o legislador a un delincuente político.
En algún momento, lo mejor del país tiene que detenerse a pensar que las instituciones del Estado dominicano son infuncionales, están prostituidas, son ineficaces porque los electores, al momento de ejercer su derecho al voto, se han inclinado por politiqueros que no tienen ninguna valía y que si se destacan en la vida política nacional es porque han sabido engatusar a los ingenuos votantes.
Los ciudadanos y ciudadanas tienen su cuota de responsabilidad en el descrédito que han caído aquí los ayuntamientos, el senado, la Cámara de Diputados y la generalidad de los que han ocupado la función de Poder Ejecutivo. Se da el caso que muchos de los que son legisladores, síndicos y regidores se han convertido en verdaderos reincidentes de acciones políticas delincuenciales, lo que evidencia que por su práctica ya son conocidos en sus fechorías políticas.
Si los electores y electoras siguen apoyando en las urnas a los reincidentes de la delincuencia política hay que decir que los vagabundos no son los elegidos, sino los electores. El tiempo dirá.

