Recuerdo la legendaria timidez de Elizabeth Crooke Morel. Alta, bellísima, excelente bailarina a nivel técnico, su mentora, Mónica Despradel, tenía que prácticamente empujarla hacia el frente cuando de bailar se trataba.
Estudiosa, aplicada, Elizabeth realizó la coreografía par la más dominicana de las piezas de MOMENTOS, ballet conmemorativo de vitales gestas patrias. Y así tenía que ser, porque su personaje era nada más y nada menos que Gregorio Luperón, ese, como Maceo, Titán de Bronce, que logró restaurar la independencia nacional cuando Santana volvió a anexar la incipiente República.
Para armar este ballet, Elizabeth trabajó con la Compañía Ballet Folklórico Nacional Dominicano, con bailarines del Ballet Nacional e invitados, quienes apenas cruzando el escenario, en un movimiento circular, lograron impregnar la sala con la agitación de ese período histórico de innumerables guerritas locales, que, al unirse, construyeron un solo esfuerzo libertador.
Conmovedora su visión de las mujeres en esta lucha. Son ellas las que convierten el zapateo español en un grito de guerra, y son ellas las que pasan de la danza convencional de origen europeo al frenético movimiento de caderas y brazos de los tambores en armas.
Son ellas las que rodean a Franklin Díaz, ese monumental bailarín negro que hizo de Gregorio Luperón y le cambian los harapos por el uniforme de los libertadores. Tributo a la mujer dominicana que abarca todas las dimensiones, porque negras, mulatas y blancas participaron en una gesta que nos devolvió la nacionalidad.
La soprano Pura Tayson, introdujo una nueva dimensión a este ballet donde se conjugaron la plástica, el canto, la danza y la música para rendir homenaje a la gesta de la Restauración, asombrándonos no solo con su presencia de Virgen de Regla, u Oya Yansa, de la santería africana, sino con el sonido de una voz que, después de la primera victoria, se convierte en la voz de la isla, un canto a la otra vez recién nacida República Dominicana.
Y si dominicana es la pieza en su manejo del movimiento, los enfrentamientos entre españoles y dominicanos, la participación de las mujeres, y el papel protagónico del Ballet Folclórico; dominicanísima es la música, con texto y voz en off de Félix Germán. No solo es la Nostalgia de Bienvenido Bustamante, sino el asalto a la emoción de las salves, de las procesiones, del palo de San Miguel, la danza de los guloyas y la libertad de Duarte, de la autoria de Manuel Jiménez.
De momento se apagaron las luces y vimos correr por entre el público a un grupo. Eran los músicos que, dirigidos por Edis Sánchez, sentados entre el escenario y el auditorio, alinearon sus tambores para que se hiciera el milagro.

