Semana

Elsa y Rosa 

Elsa y Rosa 

Durante estos días tuve el privilegio de reencontrarme con la nueva obra pictórica de las creadoras de la pintura moderna dominicana: Elsa Núñez y Rosa Tavárez.

Mi contacto con el arte de una y otra artista me conmovió y  sacudió hasta llegar a una reflexión de conciencia crítica sobre los niveles de legitimación y afirmación del arte nacional que los profesionales de la curaduría y la crítica de arte del país hemos venido mensurando;  se evidencia que no hemos sido justos en reconocer la real dimensión artística que han alcanzado estas dos grandes pintoras.

Descifrar las estructuras lingüísticas y pictoriales de ambas artistas me llevó a meditar y reflexionar sobre la tabla de justicia con la que hemos medido y valorado el oficio creador de verdadera maestría que han conquistado estas dos mujeres, que en silencio y discreción, sin el reconocimiento histórico merecido, se han jugado su bien ganado prestigio para obviar las corrientes estéticas y filosóficas, para en cambio ser ellas mismas: dos pintoras auténticas que creen firmemente en la urgente necesidad de provocar acciones de cambio en la evolución de los lenguajes del arte nacional desde la expresión propia y vinculante al fenómeno de  lo que he denominado  Escuela de la Pintura Dominicana como canon y fundamento de la más representativa tradición pictórica del país.

Ambas  revelan en sus obras más recientes los niveles de erudición creativa y dominio técnico del oficio que poseen para presentarnos sendas colecciones conjuntas de pinturas, donde nos dan una sobria lección de maestría y dominio técnico del oficio, a niveles tan significativos como los leguajes pictóricos correspondientes a las personalidades más emblemáticas  de la pintura moderna dominicana.

Al mirar este conjunto de obras, y renunciando al ego y la evasión profesional que afecta a la crítica de arte nacional tan propio de la crítica ciega e irresponsable, redescubro a dos consagradas maestras de la pintura  que desde las formulaciones estilísticas de sus obras más recientes nos revelan que han tocado la plenitud de su madurez creativa; fundada en la experiencia de oficio, la vitalidad poética de sus respectivas expresiones plásticas y en la historia de sus sensibilidades, para desde esa plataforma creativa y pictorial codificar el poder de la imagen en las superficies télicas de sus pinturas.

En el particular caso de Rosa Tavárez,  asocia su arte al impulso emocional que le proporcionan el esplendor de la luz goyesca dentro de la más sugestiva y enigmática formulación de la visualización del repensar y resemantizar el poderoso y místico valor simbólico de la imagen como sustancia  de la comunicación plástica y visual.

Estas dos artistas, apostando a la unidad conceptual en la diversidad de sus respectivos lenguajes pictóricos, nos proponen formulaciones nuevas dentro de sus tradicionales códigos de conceptualización estética. Elsa Núñez nos expone una aproximación códica en la que asume formulaciones propias del pensamiento visual renacentista registrado en los códigos de Rafael, para asociarse desde sus recursos compositivos a partir de estructuras plásticas verticales a un simbolismo de aura meditativa y teológica, próximo a la atmósfera sígnica de los nabis, aquellos místicos maestros anteriores al pre-rafaelismo que asumieron para su arte la condición de profetas y mensajeros de Dios.

Por su parte Rosa Tavárez, que aprendiera de su maestría y experiencia en el grabado la manera de capturar el tiempo sobre la tela y la forma de redescubrir las formulaciones mistericas de la energía en la pintura.

El dato

Estamos frente a dos grandes pintoras dominicanas del presente

El Nacional

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