Han sido más que merecidos todos y cada uno de los comentarios elogiosos vertidos a través de los diferentes medios de comunicación en torno a ese hombre excepcional que fue Chide Noboa, a quien me unió una sólida y larga amistad por más de 40 años.
Esa amistad nuestra empezó a finales de los años 60 en la ya desaparecida liga de softbol Domimar, y se fortaleció en ocasión de los esfuerzos conjuntos que realizamos en pro del rescate de la Asociación de Softbol del Distrito Nacional y de la Federación Dominicana.
Gracias a ese esfuerzo de ambos, organizaciones han exhibido desde entonces una solidez insuperable, las cuales han cosechado innumerables éxitos que las ha convertido en ejemplo de eficiencia en el ámbito del deporte aficionado de nuestro país.
Pero fue la Federación Dominicana de Softbol la más beneficiada del trabajo realizado a su favor en 1978 por Chide Noboa, ya que en su condición de visitador a médico que lo obligaba a recorrer frecuentemente el interior del país, estableció estrechos contactos con los dirigentes del softbol de las diferentes provincias del territorio nacional.
Fruto de esos contactos, Chide Noboa hizo posible que una mayoría de presidentes de asociaciones provinciales de softbol, evitara que la Federación cayese bajo el control de personas que hubiesen castrado el ascendente éxito de este organismo, y sobre todo el impresionante desarrollo alcanzado por el softbol molinete, tras su rescate a partir de 1974, con motivo de la celebración en el país de los Duodécimos Juegos Centroamericanos y del Caribe.
A consecuencia de ese provechoso trabajo realizado entonces, Chide Noboa merecerá por siempre el agradecimiento del movimiento softbolístico nacional, y más específicamente de la Federación de este deporte.
De hecho, ese agradecimiento se puso de manifiesto hace pocos años atrás, cuando la Federación le dedicó la celebración del Primer torneo Nacional de Softbol Molinete Femenino, ocasión en la cual me correspondió exaltar los méritos cosechados por Chide Noboa dentro de nuestro softbol aficionado.
A más de sus notables aportes al softbol y también al béisbol, especialmente a nivel de pequeñas ligas, Chide Noboa poseyó una personalidad única, altamente valorada por todas las personas que lo trataron y tuvieron la dicha de disfrutar su amistad.
Es por todo que su muerte repentina ha causado tanto dolor en este país, donde no han nacido muchos Chide Noboa, ya que en adición a sus méritos deportivos, él fue un trabajador honesto y consagrado a lo largo de su fructífera vida; un esposo fiel, amoroso y responsable; un padre ejemplar que formó cuatro hijos de conducta intachable; un amigo como pocos y un ciudadano íntegro en la acepción más amplia de la palabra.
¡Gracias, Chide, por habernos dado la oportunidad de ser tu amigo!.

