Al celebrarse hoy el Día Internacional del Trabajo, preciso es llamar la atención del Gobierno, empresariado, clase política, academia y sociedad civil sobre la imperiosa necesidad de redireccionar políticas públicas e iniciativa privada para afrontar el desempleo y la baja participación laboral.
La tasa de desocupación abierta, que se refiere a las personas que durante el último mes han gestionado emplearse, se sitúa entre un 5.5% y un 7%, en tanto que la ampliada, que incluye a quienes desisten de buscar empleo, se ubica entre un 13.5% a un 15%.
El Banco Central mide la tasa de desempleo por vía de quienes al momento de la encuesta laboral afirman que realizan diligencias para conseguir un empleo, pero es obvio que las estadísticas no pueden borrar a la población desocupada que desiste de ese propósito por desaliento.
Se resalta que durante los últimos cuatro años la economía dominicana ha generado más de 450 mil empleos formales, pero aun así la informalidad domina el mercado laboral, al situarse en 2016 en un 57.7% de la población económicamente activa.
El desaliento laboral se expresa en el penoso dato de que el 62% de la población desocupada desiste de procurar insertarse en el mercado laboral formal porque no encuentra colocarse o porque los salarios no son competitivos.
La estructura salarial ha mantenido un ritmo decreciente desde el año 2000, al punto que el nivel de ingreso de los empleados y trabajadores formales se ha alejado significativamente del costo de los diferentes tipos de canasta básica familiar.
Para justificar ese deprimente cuadro, se alega bajos niveles de formación laboral, deficiencia en los instrumentales tecnológicos y carencia de competitividad en los mercados, pero la verdad es que desde comienzo de siglo el Producto Interno Bruto (PIB) crece de manera sostenida y los ingresos reales de los trabajadores se reducen.
El Día Internacional del Trabajo, fecha de altísima significación social, económica y política, debería servir para despertar conciencia en el sector empleador sobre la necesidad de concertar una alianza estratégica obrero patronal, para que la mano de obra participe también de la riqueza que genera la actividad productiva.

