Los acontecimientos políticos no pueden evaluarse como si se suscitaran en un centro de beneficencia, en el cual, el objetivo es realizar actividades para ayudar a los demás.
Para bien o para mal, el ejercicio de la política es una sórdida lucha de intereses, desprovista de variables que aplican en relaciones interpersonales de naturaleza distinta. Esa característica se maximiza en países que, como el nuestro, el papel llamado a ser desempeñado por la institucionalidad, es suplantado por elementos determinados por el influjo que ejercen ciertas personas.
En ese contexto, desaparecen valores como la fidelidad, tanto a los iguales como al grupo; solidaridad; reciprocidad; desprendimiento y compañerismo. Todos son sustituidos por la apuesta a lo que más haga avanzar los propósitos de los intereses enfrentados, para lo cual, se recurre a cualquier tipo de trapisondas.
Son excepcionales los políticos que se apartan de estas peculiaridades. Se trata de los escasos estadistas que genera la humanidad, los cuales, supeditan sus posibles conveniencias personales, a los supremos beneficios de sus organizaciones y las naciones que dirigen.
Es en ese escenario en el cual hay que analizar la posible candidatura presidencial de Danilo Medina por el PLD. Esa, como ninguna otra aspiración, no se lleva a cabo en un ambiente aséptico. La contaminación puede proceder, tanto del exterior, como del seno de las propias fuerzas llamadas a sustentarla.
Mi tesis es que las mayores fuentes patógenas que inciden en su proyecto político, surgen desde las entrañas mismas de su organización, donde existe un interés superior y prevaleciente, encarnado en su liderazgo cúspide, para el cual, el éxito de su candidatura representa un obstáculo trascendente.
Es cierto que el PLD, en lo que respecta a su membrecía y, de manera particular, las bases de su pirámide estructural, está muy interesado en continuar disfrutando las bonanzas del poder. Sin embargo, no es en esa parte de la composición partidaria donde se toman las decisiones que han llevado y continúan llevando al gobierno a desatar las iras de una población irritada al máximo por una forma de gobernar que hace un uso irracional del patrimonio público y que, al parecer, sólo encuentra dos maneras de solventar sus dispendios: Recurriendo a un frenético endeudamiento, o incrementando las tasas impositivas.
Se está actuando sin misericordia frente al candidato de la organización, y eso determina que no sea nada envidiable estar en la piel de Danilo, como veremos el martes.

