Opinión

En lugar  de pedir perdón…

En lugar  de pedir perdón…

Los sueldos y pensiones millonarias de secretarios y subsecretarios, jueces, legisladores y otros protegidos; las diversas formas de pago a la actividad politiquera, y el derroche en la campaña electoral, según el presidente Leonel Fernández, no drenaron las finanzas públicas. Sencillamente, no existieron. Atribuye el incremento en el gasto público a los subsidios, a la compra de equipos y medicamentos para nuevas escuelas y nuevos centros de salud, a la construcción de obras viales destruidas por las tormentas, y al financiamiento a la agricultura. ¿Cómo se explica?

¿A qué juega el Presidente al contar de ese modo los hechos a una población que quedó marginada de los beneficios de un crecimiento económico sin equidad, y, sin embargo, está pagando el costo de la desaceleración de la economía?

¡No se ha visto un intento más infeliz de disfrazar de generoso un sistema esencialmente inicuo! ¡Hasta el pírrico aumento de sueldos mencionó!

El pasado lunes, el presidente Leonel Fernández presentó argumentos con los cuales trata de disfrazar la ilegitimidad.

Por eso, atribuyó la crisis nacional a la adversa situación externa y a los desastres naturales, y disfrazó de nuevas promesas algunas muy viejas y nunca cumplidas como la solución a la crisis energética. Para completar el cuadro, anunció la creación de dos comisiones, una para enfrentar el déficit de energía y otra para buscar fórmulas que permitan disminuir en forma efectiva la delincuencia. No podía faltar la reiteración de que continuarán los megaproyectos.

Es cierto que no aportó soluciones, pero la crítica no puede quedarse en ese punto. Hay que advertir que reiteró que seguirá manejando el Estado del mismo modo. Y no hay peor anuncio que el de la aplicación de una fórmula probadamente maldita.

Pretende hacernos olvidar su desdichada frase de que “la economía nacional está blindada”, y  se refiere, en cada oportunidad, a la crisis.

Se encarga, eso sí, de mantener blindado es el interés de sus colaboradores ligados a la construcción de megaproyectos. No hay dinero para aumentar el gasto en salud y en educación (él trata de que la gente sume al gasto en educación los programas de cada institución, incluyendo, aunque no lo mencionó, los del Despacho de la Primera Dama, y no logra ocultar que son sectores no bien atendidos); pero habrá para trenes y otros proyectos de “modernización”.

De seguro, espera el año 2012 para decir que la salud y la educación siguen siendo prioritarias aunque la situación no permite hacer más.

Como discípulo de Joaquín Balaguer, su repertorio de argumentos es amplio, aunque son argumentos  para cuya presentación se requiere caradura.

 Hace poco, su antecesor, el ex presidente Hipólito Mejía, en una carta y en varias declaraciones, intentó justificar sus relaciones con los banqueros y el manejo de la crisis de quiebra bancaria en el año 2003.

Quien se cobija la ilegitimidad tiene que recurrir a la caradura. Hipólito Mejía y Leonel Fernández lo hacen, cada uno con su estilo, pero igual en esencia.

Encargó a la Marina de guerra de vigilar los mares, y ni por asomo mencionó a los altos oficiales de esa institución que son procesados por la matanza de Paya,  provocada por la disputa que generó un enorme cargamento de estupefacientes. Una omisión sencillamente grave y además premeditada.

No habló de corrupción. Por el contrario, llamó a una especie de diálogo que, como otras veces, sólo se puede esperar que constituya una reunión de iguales en el intento de hacer convivir la gobernabilidad con la corrupción y la injusticia.

Ya comienza a ponerse de acuerdo con el Partido Revolucionario Dominicano en el antipopular proyecto de firmar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que obligará  disminuir el gasto público desmontado  subsidios… Su voz no cabe en otro coro… Sólo se alza por la ilegitimidad.

El Nacional

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