Opinión

En memoria de Ingvar Melin

En memoria de Ingvar Melin

El ruido de la oposición al programa de obras del gobierno de los 10 años alcanzó un nivel tal que al doctor Balaguer algunos amigos de la avenida Kennedy le habían susurrado al oído que un Metro no era necesario en la ciudad de Santo Domingo y que de ser construido como proponía mi oficina, habría de afectar la belleza de la avenida, una de sus obras amadas. Él mismo, me pregunto que si un tranvía o Troly no desnaturalizaría esa gran arteria. El Presidente hasta pudo haber creído que la JFK tenía entonces una mediana con árboles. La idea de los opositores a Balaguer era oponerse a estas obras con cualquier excusa.

La construcción del V Centenario por ejemplo fue atacada con más de 900 publicaciones la mayoría de las cuales estaban cargadas de mezquindades y lastimosamente desprovistas de propuesta sensatas.

Yo que ya sentía un gran estrés por las monsergas de intrigantes e ignorantes, me retiré de la batalla por la construcción de un Metro aun antes de empezar. Me sentía frustrado por haber dejado el ejercicio profesional de calidad para gastar mis mejores energías contestando calumnias, vilezas y tratando de razonar con algunos sectores que jamás se detuvieron a estudiar seriamente soluciones a ningún problema de la nación. Como el proyecto surgió en los días del proceso electoral de 1990, allí mismo quedó. No encontré interlocutores para debatirlo.

En el 2002 siendo candidato a la sindicatura del Distrito Nacional reformulé el proyecto del Metro para la capital como parte de las propuestas que presentaba a la ciudad pero los contendores de la época tampoco mostraron interés en discutir este tipo de temas o parecían no tener las menores ideas de tales asuntos. Por su parte, la cúpula de mi partido prefirió prosternarse frente al poder de turno a endosar estas iniciativas. Con supina ignorancia creyeron que haciendo causa común la candidata de la Social Democracia a la Alcandía el oficialismo se habría de sentir más complacido.

Tras el retorno del doctor Leonel Fernández a la primera magistratura, el tema del transporte urbano volvió a tomar vigencia por lo que al margen de las distancias con el concepto de diseño fui uno de los ciudadanos íntimamente  satisfecho cuando el Gobierno central dispuso la construcción del Metro de Santo Domingo.

Hemos avanzado, me consta que durante estos últimos 10 años se han acopiado importantes experiencias, pero “nadie puede ver el bosque, desde dentro del bosque”.

El Estado dominicano debe sentirse convocado a revisar el concepto, la gerencia operacional, la financiación y los beneficios tangibles e intangibles de la obra. Debe discutir con responsabilidad profesional todo lo relativo a su financiamiento y operación, lo que en términos prácticos apuntala la conveniencia de realizar una auditoria técnica de calidad incuestionable. Solo así se atenuarían estériles polémicas a propósito de algunos ajustes conceptuales que lucen impostergables en esa obra y se podrían identificar esquemas de financiación que factibilicen la expansión de esta gran obra.

Es evidente que en estos tiempos de estiaje de la economía mundial, los Estados están compelidos a replantear el financiamiento de sus programas de infraestructuras. El más didáctico ejemplo lo constituye el debate que se celebra en España en los últimos meses.

Ahora que en los círculos mejor informados del Parlamento finlandés se comenta la simpatía de la administración que encabeza la presidenta Tarja Balonen por el Gobierno que se instalará, así como por el hecho cierto de que los financiamientos del proyecto lucen resentidos, propongo a las autoridades que conducirán la nación a partir de agosto, que consideren la posibilidad de solicitar al Gobierno de Finlandia una asistencia técnica de no más de 20 meses / hombres para realizar una auditoria general al Metro de Santo Domingo con lo que se podrían apuntalar alternativas, financieras y se retroalimentará la gerencia de este gran proyecto, propuesta esta que creo poder subscribir por Ingvar Samuelsson Melin también, como una extensión a sus esfuerzos en pro de esta magna obra y como homenaje póstumo a un finlandés que amo a Quisqueya.

El Nacional

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