No se discute si la criminalidad sube o baja, porque prevalece la realidad de que está en auge y que los delincuentes retoman el control de las calles, como lo demuestra el asalto al jefe de seguridad de los padres de la primera dama, quien fue herido a balazos y despojado de su arma.
Policía, Ministerio Público y Justicia representan la primera línea de prevención, control, persecución y sanción contra el crimen, una triada compelida a actuar de manera coordinada en el entendido de que uno no podría cumplir su cometido sin el concurso de los otros.
El ejemplo más elocuente lo constituye Luisa María García, implicada junto a otros dos sujetos en el asalto al mayor de la Policía Domingo García Sugilio, quien había sido condenada a diez años de prisión por participar en un homicidio, de los que solo cumplió cinco.
Esa mujer confesó a las autoridades que junto a los tales “Tiqui Tiqui” y “La Falacia”, participó en numerosos atracos en el Gran Santo Domingo, incluido el perpetrado contra el mayor García Sugilio, en el sector Alma Rosa, y le sobraba tiempo para acudir a la Fiscalía a firmar el libro de reclusos en libertad condicional.
Se ha dicho que más del 90% de los delincuentes que incurren en crímenes y delitos, son reincidentes, la mayoría de los cuales recobran la libertad sin llegar a juicio de fondo, y otros, como Luisa María, son excarcelados mucho antes de cumplir la condena.
Como esos delincuentes están protegidos por el principio constitucional de presunción de inocencia, los tribunales no aceptan como prueba su prontuario criminal, por lo que casi siempre se cumple el dicho aquel de que el crimen viejo no se paga y el nuevo se deja envejecer.
El director de la Policía, Ney Aldrín Bautista, ha dicho que intenta cambiar en la institución una cultura de 83 años, a los fines de desalentar al policía represivo por el de un servidor público que se deba a la sociedad, una meta que de cumplirse evitaría que delincuentes persigan a delincuentes.
El asalto a plena luz del día contra el encargado de seguridad de los suegros del Presidente de la República, debería servir de alarma y punto de partida para que fiscales, policías y jueces liberen a la sociedad de la creciente delincuencia que, según la opinión colectiva, es dueña de las calles y está en todas partes.

