Mi visita a la cárcel
de Najayo
Un criollo refrán expresa que “en la cárcel y en la cama, es que se conocen los amigos”. Y en cumplimiento de esa costumbre criolla, aproveché el feriado católico de “Corpus Christi” para dirigirme el pasado Jueves a la cárcel de Najayo, donde se encuentran detenidos provisionalmente, por orden del Juez de Instrucción Especial, y magistrado de la Suprema Corte de Justicia, Francisco Ortega Polanco, el grupo de funcionarios, y exfucionarios, en los gobiernos del 2001 a la fecha, acusados de soborno en el sonado caso de la constructora brasileña ODEBRETECH.
Allí fuí recibido cortésmente por algunos amigos y conocidos, como el Sr. Angel Rondón, representante en el país de la multinacional carioca, a quien conocía desde mis tiempos de adolescente, cuando vivía con mis padres y hermanos en la calle Dr. Defilló del Ensanche Quisqueya, donde también este convivía junto a los suyos, pues ayudaba a mi fallecido padre Eduardo Jerez, que en Gloria Descanse Eternamente, a vender agua a los vecinos, en un camión tanque de su propiedad.
Del caso OEBRETECH se hablará durante mucho tiempo, pues se trata de un juicio kilométrico, que hasta que no se cierre con una sentencia definitiva de la Suprema Corte de Justicia requerirá de audiencias casi sin límites, pues según la regla latina “ Indubio Mútis, Induvio Pro Reo”, es decir, que “ la duda favorece al inculpado”, todos y cada uno de los acusados está protegido por el “Juris tantum”, o sea hasta prueba en contrario, por una presunción de inocencia, según establece nuestro Código Penal y avala una jurisprudencia que emana del Derecho Romano, y que se ha extendido durante nuestros 173 años de historia republicana.
Descartamos que el juicio tenga propósitos políticos, pues los acusados, incluyendo legisladores en activo o ya cesados, pertenecen a nuestras tres principales organizaciones partidarias, y nuestro Presidente Danilo Medina no es hombre de revanchismos ni de retaliaciones personales, de cuya condición ha dado muestras más que probadas.
Hay que tener en cuenta a la hora de pasar balance definitivo al caso, que las pruebas contra los acusados son muy endebles, pues provienen desde Brasil, originadas en archivos que solo Dios sabrá si la ODEBRETECH manejó a su antojo, pues sus principales ejecutivos fueron exonerados de la sanción más dura, la prisión, por simples reparaciones económicas, que como dicen nuestros campesinos son “ paja pa la gaiza” para una empresa que manejó recursos miles de veces millonarios en varios países latinoamericanos y para la cual menos de 200 millones, que finalmente recibirá el Estado dominicano no son nada, si se compara con el riesgo que corren algunos de los encartados criollos, de pasar años encarcelados, lo que atenta contra el principio de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, penal o civil.
Y hasta el próximo domingo, con más Jerez
y más Whisky

