La seguridad ciudadana sigue siendo el tema principal de debate a nivel de la opinión pública nacional, aunque las opiniones en torno a cómo debe abordarse tan espinoso asunto varían mucho.
Algunos hablan de crear una nueva institución encargada de velar por el mantenimiento del orden público, porque la misma ha colapsado, opinión que no compartimos, mientras otros dicen que hay que dotar a los policías de sueldos dignos y mejor equipamiento, con lo que estamos de acuerdo.
Pero la verdad monda y lironda es que el problema no es de una sola entidad, sino de toda la sociedad en su conjunto.
No es que el policía sea más eficiente, lo cual debe reclamársele, sino de que los fiscales sean más enérgicos en sus investigaciones y los jueces más severos a la hora de juzgar a los acusados de asesinato, narcotráfico y violaciones de niños, niñas y adolescentes.
En todos los países, aún en los más adelantados como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, etc, todos los años quedan sin resolver múltiples crímenes, mientras otros se solucionan gracias a la colaboración de los ciudadanos con las autoridades.
Y ahí está el meollo de la cuestión, que nuestra población se involucre en la persecución de los delincuentes, ofreciendo a la policía los datos que tengan y que pueden servir de pistas para dar con los que violen la ley, y que abandonen el silencio cómplice, por aquello de que nadie quiere buscarse problemas con los forajidos que viven en sus barrios y que todo el mundo conoce.
La violencia en general, y no solo la que ahora llamamos de género, porque afecta de manera principal a las mujeres, siempre vivirá en todas partes, porque por naturaleza los seres humanos son proclives al uso de la fuerza para dirimir conflictos, o para violar la ley.
Pero es posible rescatar, en gran medida la seguridad ciudadana, siempre y cuando todos nos involucremos en la misma, cosa que no se logrará mientras tratemos de pasarnos la pelota los unos a los otros, señalando supuestos o reales culpables o distintas raíces del problema. El problema de la inseguridad nos compete a todos, y cada quien debe arrimar su hombro para ayudar a combatir la situación y buscarse la mejor manera posible, dejando de lado la teorización, el pretender que es a la policía, con exclusividad, atribuyendo una cuota de responsabilidad a los miembros del poder judicial, ya que todos somos responsables y hay que ponerse de acuerdo antes de que se convierta en un cáncer.
