Fueron seis islas y cada una con grandes encantos. Fue un crucero por el Caribe que comenzó en Puerto Rico desde donde partimos en la noche para llegar en la mañana a la isla de San Thomas.
De San Thomas nos encantaron sus historias de piratas y esa sensación de sentirte siempre frente al mar. Las calles llenas de turistas viendo las ofertas de lo que consideran un gran mercado abierto. Un tours nos hizo tener una idea general de esta isla que forma parte de las islas Vírgenes de Norteamérica. Subirnos a lo más alto y pudimos ver sus bellas playas, sus monumentos históricos y el verdor de su montañosa vegetación.
Al día siguiente despertamos en San Martín, una isla con dos culturas. Por un lado la parte francesa con sus casitas de madera, su famosa playa nudista y muchos otros encantos, por el otro la parte holandesa con sus tiendas de diamantes y el aeropuerto como uno de sus atractivos encantos al volar a poca distancia de las cabezas de los bañistas de sus playas.
De Santa Lucía y Antigua también hay mucho que contar. Son calientes como todo el Caribe y sus playas y deportes acuáticos son su principal atractivo sobre todo para los turistas que vienen de países muy fríos. En ambas islas estuvimos en nuestro tercer y cuarto día de crucero y para aprovechar mejor nuestra estadía preferimos tomar visitas guiadas que nos llevaran a conocer lo más en el menor tiempo. Entre las paradas casi siempre se incluye una breve estadía en una de sus famosas playas, siempre muy bien aprovechadas por turistas de todas partes del mundo.
Nuestra última parada fue en Barbados y allí nos sorprendimos de cuan desarrollada está su estructura hotelera. Nos detuvimos a disfrutar de la gracia de los monos que se ven en esta isla bananera y por último nos quedamos en su downtown para disfrutar de sus características únicas.
A pocos pasos de su plaza central su céntrica playa, luego hay que correr para que no nos deje el barco y nos lleve de regreso a Puerto Rico donde también hay mucho que ver y hacer antes de volver a Santo Domingo.

