La lluvia bendita
La lluvia no daña la fiesta de los alegres y optimistas, solo la transforma. Era sábado por la tarde y todo estaba dispuesto para disfrutar de un ambiente primaveral al aire libre alrededor de una piscina, pero la naturaleza se impuso y puso a correr a todos los que elegantemente vestidos asistieron al tradicional encuentro familiar de los Hernández. La lluvia cambió el escenario, pero no el entusiasmo de los que por costumbre se reúnen todos los años en abril a festejar el cumpleaños de la octagenaria cotuisana Doña Mariana Fabián Viuda de Hernández. El agua fue bendita. Ya lo dijo el director de la Caasd, Ramón Rivas. Gracias a la lluvia se superó la sequía que afectó por escases de agua durante varias semanas a diversas localidades. Las flores volverán a ponerse resplandecientes como en todas las primaveras. La lluvia del sábado cambió la dinámica de la fiesta y fue bueno, porque todos se congregamos en el interior de la casa en un espacio relativamente pequeño y pudimos estar más cerca para darnos más calor y expresarnos más cariño. Pudimos optar por sentarnos a lamentar la jugarreta que nos hizo la lluvia que puso a los invitados a mover pailas de moro, yuca y otras guarniciones de la parrillada, pero como los optimistas, optamos por al mal tiempo ponerle buena cara y nos pusimos a bailar juntitos los merengues interpretados por la mini orquesta del maestro Orlando Féliz.
Se puso de manifiesto: Si del cielo te caen limones aprende a hacer limonadas. Eso hicimos y nos recordamos del Mayimbe y su tema de la lluvia y después de bailar nos pusimos a cantar todos, los que cantan bueno y los canta malos interpretamos a ritmo de guitarra alrededor del bizcocho y de la festejada que este año celebra sus 89. La lluvia no dañó la tradición de reunirnos en familia a celebrar el cumpleaños de la más mayor de los Hernández Fabían, solo hizo que este año la tradición fuera un poco diferente y que entendiéramos que todo obra para bien para los que tenemos fe y que las familias unidas deben reunirse para celebrar la vida aunque llueva, truene o venté.

