Sábado en Lima
Fue un viaje a Perú en el que no estaba previsto visitar su capital. Lo programado era el Lago de Titicaca con sus islas flotantes, Machupichu en Cusco y otras atracciones en el trayecto, pero un retraso del vuelo nos hizo perder la conexión y tuvimos que quedarnos un día en Lima. Todo comenzó con una caminata que nos llevó al mercado Inca, donde nos dimos banquete con la riqueza creativa de la gente de este país. Teníamos que optar por la alternativa más rápida para conocer lo más en menos tiempo, así que escogimos un city tours que nos mostró una idea general de Lima. Fue un recorrido rápido, pero muy interesante.
Comenzamos en el Centro Arqueológico Pucllona, luego nos fuimos al mar y allí nos detuvimos en el Parque del Amor, escenario anual del concurso de besos en el Día de San Valentín. El cielo lucía gris, pero no, en Lima casi nunca llueve y la temperatura siempre está fresquita. Lo triste de su cielo contrasta con el colorido de sus casas. Buena estrategia de los lugareños para darle vida a esta ciudad.
Fue en Lima que entré por primera vez a unas catacumbas. También la primera vez en muchas otras cosas y es que en cada viaje siempre experimentas algo nuevo que te va enriqueciendo. Estando entre esqueletos en las Catacumbas me dieron ganas de correr cuando la guía turística enfatizó que en Perú se producen muchos sismos. Por Suerte dijo rápido que sus construcciones se hacen previendo esos fenómenos y que aunque estábamos debajo de una iglesia y un monasterio, ese es uno de los lugares más seguros de toda Lima.
De Lima nos faltó por ver su nuevo parque del agua, único en su clase, museos y mucho más, pero fue bastante lo que hicimos en tan poco tiempo.
Disfrutamos de ceviche y bebidas típicas, apreciamos las calles con lindas flores y gente simpática y disfrutamos de muchos otros detalles que nos hacen reconocer una vez más que no hay mal que por bien no venga y que las esperas siempre tienen sus recompensas

