Los 88 de Doña Mariana
Ya es tradición cada año para la primavera. La larga familia se reúne para celebrar el cumpleaños de Doña Mariana Fabían viuda Hernández. Es una fiesta muy particular sin atracciones artísticas ni música alta ni grandes novedades. La alegría está en el compartir entre familiares de diferentes edades, en estar juntos primos, tíos, hermanos, cuñados y otros familiares y amigos cercanos. La atracción son las largas conversaciones entre risas y abrazos y la oportunidad de estar con quien se quiere y pocas veces al año se ve en un ambiente como este. En ocasiones vienen de lejos. De Nueva York, Philadelphia y de otros puntos del mundo.
Los más jóvenes cogen su rincón para hablar de cosas propias de su edad y los más chiquitos corretean de aquí para allá, mientras que los más adultos como Doña Mariana sencillamente permanecen sentados esperando los besos y abrazos de los que desfilan a felicitarla.
Ni la muerte los separa
Para esta familia cotuisana esta actividad es un encuentro sagrado. Se desplazan desde diferentes puntos del país y a nadie cercano a Doña Mariana se le ocurriría en esa fecha irse de vacaciones ni hacer otros planes y es que ni el fallecimiento de un familiar querido impide el encuentro. Es que ya es como un encuentro necesario. Necesario para ponernos al día con nuestras cosas, para abrazarnos y manifestarnos el cariño que nos tenemos.
Este año la actividad comenzó en la iglesia Divino Niño de las Praderas con una Misa de Acción de gracias en la que también se celebró por los cumpleaños de otros familiares, luego en caravana todos partimos a la residencia del hijo mayor de la doña, el doctor Anibal Hernández, quien fue el propulsor de esta fiesta que lleva cerca de 15 años y que cada vez se espera con entusiasmo para festejar a esta madre que hoy cuenta entre sus hijos a médicos, ingenieros, periodistas, químicos, comerciantes, contables y profesionales de diversas ramas.
La actividad comienza temprano y se extiende hasta bien tarde. Comienza con un almuerzo y concluye con una cena y para la ocasión se decora con detalles festivos alegóricos a la primavera.
La historia la cuento para que sirva de estímulo a muchas otras familias que solo se ven cuando la urgencia lo amerita y es que de estos encuentros salen muchas cosas bonitas que hacen posible que los lazos familiares permanezcan y que revivan buenos recuerdos entre gente que se quiere. Esperemos que podamos seguir celebrando muchos encuentros familiares más por el cumpleaños de esta octogenaria mujer que cada año para la ocasión se pone su mejor gala con sombrero y collar de perla incluído.
Mis felicitaciones a ella y a todos los que llegan a los 80 celebrando la vida Entre el cielo y la tierra.

