La propuesta de Danilo Medina está vinculada invariablemente a la de Leonel Fernández. Éste ha devenido en mentor y guía de aquél. Si en uno prevalece el capricho sobre las necesidades de los demás, también en el otro tiene que ser así.
Hay toda suerte de escamoteos en un plan puesto en marcha por los estrategas de Medina, consistente en aprovechar los recursos del Estado y, al mismo tiempo, diferenciarse de la pésima reputación del gobierno y de la impopularidad del presidente. Pero nadie se come el cuento. ¿Deslealtades toleradas o arregladas?
Pretender separar las cosas malas de las buenas que puedas encontrar en una relación obligada es parte de la misma farsa representada. Trama en la cual la pérdida de la dignidad no supone nada para ellos. Y este no es un asunto exclusivamente ético. Compromete también la tranquilidad y seguridad económica de los ciudadanos.
Si al presidente Fernández le importa tres pitos y una flauta lo que piensan los dominicanos y el resto del mundo sobre su desastrosa administración, ¿por qué no habría de ser así con Danilo Medina? Ambos abrevaron en la misma fuente, como fundadores y miembros prominentes del PLD, sustento político del gobierno más insensible y corrupto que ha tenido la República desde su fundación.
Para los actores de una farsa y esta que hoy sufre el pueblo dominicano es una de ellas-, da lo mismo que nadie les ame ni respete.
Tampoco que miles de niños dejen de ir a la escuela y centenares de madres parturientas carezcan de hospitales con tal de emplear miles de millones de pesos en la compra de votos. Esas cosas le producen la misma indiferencia.
Esto explica que Leonel Fernández, desobedeciendo un mandato constitucional, haya profanado la magna fecha patria de nuestra Independencia y la solemnidad de la sala del Congreso, exponiendo un discurso apologista, fantasioso y electorero, sin nada que ver con la rendición de cuentas que procede en la ocasión, conforme lo estable la Constitución Dominicana.
Medina no ha dado ninguna señal reprobatoria ante tan bochornoso acto. Tampoco puede hacerlo, dada su irrestricta dependencia material, moral e ideológica de su mentor y guía.
Cualquier paso en falso en este sentido puede costarle el respaldo, confirmando una subordinación que, evidentemente, garantiza la permanencia del esquema leonelista prevaleciente, con los mismos funcionarios, lacras y comportamientos, distanciados todos de la real pobreza en que vive la mayoría de los dominicanos.
Palmaria realidad que nos golpea fuerte, día a día, sin que esto le importe un carajo a Leonel Fernández o a Danilo Medina.

