Venecia, Italia.- Era una calurosa tarde de Verano en Venecia, era nuestro segundo día disfrutando de sus paisajes, su majestuosa arquitectura y sus características como ciudad única en el mundo, compuesta por más de 100 islas unidas entre sí por sus 455 puentes.
Para llegar a la soñada ciudad italiana habíamos hecho un largo trecho lleno de curvas, saliendo desde Los Alpes austríacos. Cuando por fin hicimos realidad nuestro sueño estábamos abatidos. Ya llevábamos varias semanas en nuestro primer recorrido por Europa en carro. Inicialmente habíamos salido desde París.
Aquella tarde en Venecia, después de cruzar decenas de sus canales y visitar la Plaza San Marcos, sentimos necesidad de tomar un descanso para renovar fuerzas y poder disfrutar con ánimo de su caluroso ambiente y asimilar mejor las riquezas de sus museos y todos sus mágicos rincones.
Nos hospedábamos en casa de una amiga y como casi en todas las casas, teníamos próximas varias iglesias. En su haber Venecia tiene una cincuentena de iglesias, unas grandes, unas pequeñas, pero todas majestuosas y con grandes tesoros e historias que forman parte importante de su atractivo. Todas son muy visitadas por turistas atraídos por su arquitectura, pero muy poco frecuentada por feligreses.
Las campanas de las iglesias venecianas suenan montón de veces al día, cada una en su horario, así que aquella tarde, cada vez que intentábamos tomar un poco de sueño sonaba una campana, unas más lejos, otras más cerca, pero sonaban una tras otra y tuvimos que olvidarnos de sueño y de descanso.
Los campanazos nos incitaron a salir y seguir disfrutando de las maravillas de la ciudad de los canales. Al fin y al cabo Venecia no es una ciudad para dormir, ya habrá ocasión para el descanso, mejor aprovechar cada minuto de nuestra estadía y disfrutar de sus paisajes con sus góndolas y todo lo que la hace merecedora de ser visitada por más 15 millones de turistas al año y de ser declara Herencia Cultural de la Humanidad.

