Jesús no es un muñeco
Brasilia, Brasil.- En todo Brasil las procesiones de viernes santos son escenificadas por hombres y mujeres de las comunidades, por niños y adultos que se visten con ropas como las que se vestían en los últimos días de Jesús. En la mayoría de los casos, sin ser actores ni actrices hacen buenas interpretaciones de aquel importante momento de la humanidad.
Es talvez por eso que cada año los viacrucis de este enorme país estén llenos de gente y no solo de viejos, que un número inportante de la población prefiera esta opción a irse de playa o quedarse bebiendo caipirinha.
Yo quedé sorprendida de lo que vi en un cerro de Brasilia. Cerca de 1,400 personas que en principio yo creí actores, interpretaron aquel momento de Jesús para un público de cerca de 100 mil personas. Los latigazos que me dolían como si fueran de verdad y ver a Jesús subiendo con aquella cruz y su cuerpo ensangrentado me parecio muy real.
El viacrusis fue en el cerro de Capelinha, a unos 40 minutos de la capital de Brasil. Este está considerado como uno de los más interesantes de la región, pero igual se escenifica de la misma forma en todos los barrios y campos de todas las comunidades católicas del país.
Por lo general voluntarios de las iglesias se ofrecen a interpretar los diferentes personajes y para los gastos se realizan diferentes actividades que les permiten recabar fondos. Ya imagino yo el dinamismo que le da a cada iglesia el montaje de ese evento.
No es lo mismo ver un Jesús de plástico u otro material sintético que ver la interpretación de Jesús por un hombre de carne y hueso como fue el. El Jesús que ví fue interpretado por un joven abogado de la comunidad.
Yo tenía muchos años que no asistía a una procesión de Viernes Santo, ojalá cuando vuelva a asistir sea en mi patria dominicana y que la interpretación de Jesús sea más real, más viva y más con los tiempos. Sino, no nos quejemos de que sean tantos los que prefieran la playa o quedarse viviendo en las esquinas.

