¿Qué Pasa?

Entre el cielo y tierra

Entre el cielo y tierra

Mary Leisy Hernández

El placer de hablar portuñol
Brasilia, Brasil.- Llegué a vivir a Brasil con menos de 20 horas de clases de portugués y para mi dicha, todo lo entendía o por lo menos, casi todo. Con mi limitado portugués me movía a todos lados: hacía gestiones para conseguir vivienda, luego contraté una ayudante doméstica. Igual, los servicios de internet, televisión por cable, en fin.
Cuando algo no entendía lo deducía o recurría al portuñol, idioma casi “oficial” entre los brasileños con sus vecinos de Argentina, Paraguay y todos los países hispano hablantes que bordean a Brasil. Muy distinto todo a cuando llegué a vivir a Europa. Cuando llegué Allí, pese a que ya había estudiado bastante francés, en principio me quedaba encharcada en las conversas. Me ponía tímida no hablar buen francés. Sin embargo, con el portugués, nunca tuve miedo.
Sabía que la personalidad del brasileño me perdonaría cualquier desconocimiento a la lengua portuguesa y que si no me entendían buscarían la vuelta para llegar a una buena comunicación.
A poco de llegar, procuré clases de portugués para no repetir la historia de una buena parte de los hispanohablantes, que viviendo por años en Brasil, se conforman con hablar un espontáneo portuñol, inclusive en eventos oficiales. Hice los niveles básicos, los intermedios y me he quedado con las ganas de hacer los avanzados para aprovechar las facilidades del aprendizaje y así intentar tener un buen dominio de una segunda lengua.
Tudo bem con los brasileños. Aún mucho por aprender. Sin embargo, cuando tenía un año en Brasil me sentía casi tan cómoda hablando portugués como hablando mi propia lengua. Comenzaba a aprender a diferenciar expresiones y variantes entre los brasileños del sur, los cariocas y los del nordeste hasta que me tocó volver de nuevo a Europa y viajar por una línea de Portugal. Fue grande mi decepción cuando en el vuelo de ida escuchaba los anuncios en la voz de una portuguesa. Apenas alcanzaba a escuchar millones de fuertes eses y tuve que esperar que lo repitieran en inglés para entender. Decidí quedarme todo el vuelo con el cinturón abrochado por si en algún momento lo solicitaban y nueva vez no alcanzaba a comprender el portugués de Portugal.

El Nacional

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