Una dulce mudanza
Brasilia. Brasil. Preparar una mudanza es remover el baúl de los recuerdos. Revivir momentos medio olvidados por el paso del tiempo al toparse con escritos, fotos, discos y otros artículos que cuentan historias de diferentes etapas de nuestras vidas.
Cuando se piensa en preparar una mudanza se piensa en trabajo, en algo tedioso que agota. Y si, agota, exige mucho esfuerzo, pero igual puede producir grandes satisfacciones si asumimos las mudanzas como una oportunidad de renovar, de dejar atrás lo que nos sobra o nos estorba para dar espacio a elementos nuevos y buenos para nuestra armonía.
En este momento hacemos nuestra mudanza de Brasil a Bolivia, de Brasilia a La Paz. Los preparativos y los múltiples encuentros de despedida no me han dado espacio para sufrir el adiós ni lamentar los amigos y las cosas que dejo.
Estoy demasiado ocupada viajando a otros tiempos a través de recortes de prensa, álbumes de fotos, libros, revistas, postales y muchos otros artículos que poco a poco fueron quedando en el fondo de los archivos. Cada una de esas cosas dejaron de ser cosas y hoy son un pedazo de mi, de mi ayer, de mi siempre. Igual me proporciona satisfacción organizar, limpiar, soltar y sentir espacios desahogados para disfrutar mejor de lo que se queda. De camino, consigo otros dueños para lo sigue siendo útil.
Organizando la mudanza he reído y llorado al ver con otros ojos lo que quedó plasmado de otros tiempos a través de unas cuantas palabras o unos gestos fijados en una imágen.
Entre tantas cajas pienso que mudarse es una buena oportunidad de transformarse, de recomenzar con nuevas metas o con las mismas reforzadas. Es el momento perfecto para desapegarse, adaptarse, apegarse a lo mejor y ahora, no solo hablo de objetos.
La Paz nos espera y a La Paz nos llevamos a Brasilia en nuestros corazones. Hasta siempre Brasil.

