Bruselas, Bélgica.- Cada año para Abril me mudaba para la Plaza de la Cultura y escarbaba cada rincón de la Feria Internacional del Libro. Cuando llegaba a su fin en Mayo, ya había escudriñado casi todo. Hoy la fiesta me queda lejos, a casi 8 mil kilómetros de distancia. Ahora estoy en un país de una agenda cultural inmensa que disfruto en la medida de lo posible, pero en estos días de Abril extraño esta fiesta del libro que cada año se celebra en Dominicana.
Ayer estuve en la feria de Arte contemporáneo de Bruselas, un evento extraordinario con la participación de galerías y artistas de diversos países de Europa. Estando allí no dejé de pensar en aquellos domingos en la feria del Libro de mi país.
Entre ese tradicional evento dominicano y yo hay una historia muy personal. Una historia que se escribió año por año con la presencia de muchos testigos.
En la feria sudé la gota gorda micrófono en manos, haciendo cada año decenas de entrevistas y reportajes.
Pero sobre todo, gocé en sus diferentes sedes, la alegría de ser madre, paseando con mi niña que hoy es grande.
En los estantes le compré grandes compilaciones de cuentos que hoy aun conserva.
Las historias de los Hermanos Grimm, de Perrault y otros clásicos y no clásicos que tuve que leerle repetidas veces.
Sobre la feria cada año había algunas críticas, Yo igual la disfrutaba, como disfrutan los belgas el sol cuando suele salir.
Allí aprovechaba al máximo del cine, las exposiciones, del teatro, el café Bohemio, algunas compras, pero sobre todo de las caminatas donde siempre había sorpresas y encuentros con amigos.
Hoy disfruto recordar todo lo que aproveché la feria del libro.
Ahora que estoy lejos todo lo veo distinto y me alegra saber que estando en mi país nunca dejé lo que me gusta para mañana . Estando en otras playas invito a todos a disfrutar de lo bueno de esta fiesta de la cultura que nos pertenece.
Se hace con los recursos de todos los dominicanos. Buen provecho.

