Nos sorprendieron con un sancocho a nuestro regreso a nuestra patria luego de unos meses en el frio norte de Europa. Era un viernes caluroso, como casi todos los del mes de julio en El Caribe.
Cuando salimos del aeropuerto se nos formaban granitos de sudor en la cara, pero estábamos felices, habíamos arribado a nuestra patria y en principio el calor nos parecía una caricia, algo exótico.
Ya no tendríamos que llevar más pesados abrigos ni bufandas.
Veríamos un cielo mas azul, sin tanta lluvia persistente, con más posibilidades de disfrutar del mar, los paisajes, la naturaleza y las actividades al aire libre.
La idea del caluroso sancocho fue de nuestro sobrino, que sabe muy bien como amamos el plato más famoso de la gastronomía dominicana. No se le podía ocurrir otra cosa, el dominicano no piensa en estaciones cuando se le ocurre preparar esta delicia, no espera que sea diciembre. El sancocho es el
plato gourmet de las grandes fiestas de todos los tiempos, sobre todo para las fiestas de los dominicanos que vienen de lejos.
Como todos los dominicanos, nos olvidamos de verano y mientras el sudor bajaba por nuestras mejillas degustábamos la yuca, los guineítos, el ñame, el plátano y todos y cada uno de los ingredientes que hacen de este caldo caliente una auténtica delicia para los que amamos la comida de nuestro país. Nos concentramos en esa mezcla de sabores que hacia muchos meses teníamos privado de disfrutar y como todos nos pusimos a conversar, a compartir con los nuestros mientras comíamos y nos secábamos el sudor.
Las quejas por el calor fueron muchas, como en todos los sancochos en dominicana, pero nadie dijo no al rico caldo acompañado con arroz, aguacate, casabe y todas las diversidades que hacen de este plato caliente todo un estimulo para hacer aun mas intenso el clima caribeño. Buena bienvenida al Caribe.

