¿Qué Pasa?

Entre el cielo y tierra

Entre el cielo y tierra

 Fue del aeropuerto  a la mesa. La bienvenida fue en familia con un sancochito con aguacates. Otra cosa no podía ser a pesar del calor; luego llamadas, saludos a los vecinos y a la cama temprano para descansar de las largas horas de vuelo y para hacer más llevadero los efectos del cambio de horas.

El día siguiente fue intenso. Paseo por El Conde y la Zona, almuerzo con amigos, una entradita a Cuesta para por fin volver a los libros en español y al final de la tarde regresar a mis verdaderos orígenes: a Cotui, el pueblo donde canta la guinea y donde está la casa materna con todos los recuerdos de mama y el calor de la familia.

El primer fin de semana para la playa.

Era preciso darse un chapuzón, disfrutar de la brisa del mar y contemplar el paisaje azul luego de vivir bajo el cielo gris de Bruselas.

En la noche del domingo nos acercamos a las Ruinas de San Francisco para disfrutar de la dominicanidad que se pone de manifiesto allí con el merengue, la salsa, la bachata, el son y toda la alegría del gran espectáculo que ya es una tradición cada semana, un espectáculo que teníamos muchas ganas de volver a ver.

Ayer caminamos por el parque en el que siempre nos ejercitábamos y nos satisfizo re encontrarnos con los mismos caminantes de siempre.

También enterarnos de que nuestros parques ahora cuentan con espacios, máquinas e instructores de ejercicios que permiten que todos puedan aprovechar.

Las vacaciones apenas comienzan, el terrible calor de este candente verano a veces nos quiere aguar la fiesta. Nos acostumbramos rápido al frio clima de la ciudad europea en la que nos ha tocado vivir y ahora el calor nos parece más fuerte que nunca, aunque en los primeros días nos pareció más agradable que nunca debido a las ganas de calor.

Volver a nuestra patria siempre será uno de nuestros mas gratos placeres.

Volver es tiempo de recuerdos, de re encuentros, de dominicanidad y sobre todo de familiaridad.

 

 

 

El Nacional

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