La lealtad consiste en hacer aquello con lo que uno se ha comprometido aún entre circunstancias cambiantes y adversas. Un valor que pocas personas practican en una sociedad donde sobrevivir se ha convertido en la meta diaria de una población cargada de esperanza
Sin embargo, la lealtad es una virtud que debe desarrollarse en nuestra conciencia. Es un compromiso a defender lo que creemos y en quien creemos. Es un valor del que se requiere coraje.
Cuando somos leales, logramos llevar la amistad y cualquier otra relación a su etapa más profunda. Todos podemos tener un amigo superficial, o trabajar en un lugar simplemente porque nos pagan.
Sin embargo la lealtad implica una responsabilidad que va más hondo: es defender las creencias y los compromisos contraídos en las buenas y en las malas. Es trabajar no solo porque nos pagan, sino porque tenemos un compromiso más profundo con la sociedad en que vivimos.
No se puede confundir la lealtad con agradecimiento, son dos valores completamente distintos. La lealtad comienza con el respeto a si mismo, defendiendo con ahínco en lo que se cree y actuando con responsabilidad cuando el momento lo requiere.
El agradecimiento, por el contrario no soporta un análisis de razonamiento, es como la fe. Se actúa sin pensar.
El deber de la persona es ser leal respecto a sí misma, para poder actuar del mismo modo con cada persona o con las instituciones con las que está colaborando o estudiando.
En cambio se conoce como agradecimiento aquel sentimiento de agradecimiento ante el reconocimiento de un favor o la recepción de un beneficio, que experimentará una persona cuando el mismo se haga efectivo y presente ante sí.
Resulta ser una consecuencia inmediata de este sentimiento que esta persona, ante la recepción de ese favor o beneficio, sienta la necesidad imperiosa de corresponder el mencionado de alguna u otra manera.
Prefiero, personalmente escoger la lealtad en vez del agradecimiento.
José Antonio Torres
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