Opinión

Epílogo para Rosa

Epílogo para Rosa

El costo de la violencia contra las mujeres es alto, inversión que determina la salvación o no de la víctima y puede medirse en las circunstancias que siguen a las agresiones. Las autoridades tienen que asumir que del presupuesto nacional deben salir los recursos necesarios para socorrerlas a ellas y sus hijos e hijas. De lo contrario, el Estado dominicano se mantiene cómplice de los crímenes por violencia basada en el género.

El 3 de octubre de 2006, en esta columna, hablaba de eso a propósito de Rosa, una muchacha de apenas 30 años entonces, acogida  por el Núcleo de Apoyo a la Mujer, NAM, que la mantenía escondida de las amenazas del padre de sus hijos/as, agresor adicto que quería matarla.  Con él, cuatro años mayor que ella, había formado pareja a los 15 años y ya a los 24 tenía cinco hijos, menores que temblaban cuando veían al padre porque les hizo sufrir toda clase de torturas, incluida la de obligar a su madre a sostener relaciones sexuales con él, en su presencia.

Entonces, les decía yo, Rosa, como todas las mujeres que sufren maltrato, aún siendo una mujer joven, veía resentido su sistema biológico, sufriendo de diabetes, problemas graves en la tiroides y con un fibroma uterino que le producía sangramientos dramáticos, problemas de salud  que no solucionaba por falta de recursos.  Algunas personas generosas que leyeron aquel artículo, costearon la cirugía de Rosa, los alimentos de sus hijos e hijas y apoyaron aquel proceso.

Desde 2006 hasta la fecha, esta joven mujer y madre, va sobreviviendo con el  trabajo de mantenimiento del NAM y está pasando por un proceso de terapias de cura de cáncer, costeadas a base de serruchos informales, que incluyen a personas de su alrededor.

La historia de Rosa dio un giro en diciembre del año pasado, cuando una persona, hermano de una de las técnicas del NAM, residente fuera del país, se conmovió y le construyó una casa “de blocs” y techo de zinc, con tres habitaciones y “hasta área de lavado”, nos cuenta Rosa emocionada, especificando que la casa fue construida en 22 días y vive en ella desde el mes de febrero.

Rosa, relata conmovida que se levanta en las noches a mirar y tocar su casa, porque aún se le hace increíble tenerla y dice, “de aquí ya no me saca nadie, de aquí para el cielo”. Un final feliz gracias a la generosidad dominicana, que llega después de 7 años.

El mensaje es para el gobierno y sus instituciones: ¡Hay muchas más Rosas en espera!

El Nacional

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