Claro que algunos jueces electorales pueden permanecer en el tribunal. Y entre los que demostraron con su recta y encomiable conducta profesional que pueden desempeñar esa misión están los magistrados Aura Celeste Fernández y Eddy Olivares. Pero como los méritos no son los determinantes, Aura Celeste y Olivares, que se comportaron como jueces y no como representantes de intereses particulares, deben ser ponderados en aras de la proporcionalidad que se necesita en la Junta Central Electoral (JCE).
Aura Celeste es una de las más dignas representantes con que puede contar la sociedad civil. Y Olivares, que si bien fue propuesto por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), enmarcó en todo momento sus decisiones en torno a la Constitución y las leyes. Es obvio que no puede haber equilibrio si una organización que representa más del 40 por ciento del electorado no está representada en el tribunal.
Todo el que vive aquí sabe que la evaluación que hace el Senado no es más que un montaje para guardar las apariencias, porque a la hora de la verdad se impondrán los intereses políticos. En base a su mayoría el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que ha rehusado hasta aprobar una ley para regular las organizaciones políticas y los procesos electorales, va a legislar a su favor. Si la integridad, la honradez y el respeto a las leyes están por encima de intereses partidarios, no importa que los jueces sean peledeístas, perredeístas o de cualquier otro partido.
Pero no sólo sería ilegítimo, sino que atentaría contra el juego democrático que el organismo que se encarga de organizar y supervisar las elecciones responda sólo a los intereses del partido en el poder. De ahí la necesidad de la proporcionalidad, en aras de la cual tienen que ponderarse figuras de la capacidad, experiencia y conducta de los magistrados Aura Celeste y Olivares. O mejor a ellos, si es que se puede.

