La gestión que desde este mediodía encabeza el magnate Donald Trump como presidente de Estados Unidos está plagada de interrogantes. Aunque fuera de por sí una figura controversial, nadie había generado tanta incertidumbre, por sus frecuentes exabruptos, durante el imbricado proceso de transición.
La Unión Europea, la Alianza Atlántica y vecinos como México se han parapetado frente a las amenazas del republicano, quien no ha reparado en la estabilidad, la seguridad ni el equilibrio en aras de fortalecer la economía estadounidense. Es posible que las pretensiones suenen bien para los estadounidenses que no alcanzan a advertir las consecuencias de lo que supondría el proteccionismo y el aislamiento.
Una paradoja que aumenta el miedo la representa el hecho de que haya encontrado en el presidente de Rusia, Vladimir Putin, su principal aliado y defensor en la arena internacional. Las demás potencias están a las expectativas e incluso disentido de la actitud con que el gobernante estadounidense aborda determinados conflictos.
Además de amenazar con desconocer los tratados comerciales suscritos por Estados Unidos, Trump ha planteado incrementar los aranceles a las importaciones, sancionar las empresas estadounidenses que inviertan en el exterior y expulsar a más de 11 millones de indocumentados. E incluso revisar algunas decisiones administrativas de la administración que encabezó Barack Obama.
La falta de moderación con que aborda los problemas también despierta preocupación, porque rompe con la diplomacia que ha normado las relaciones y el ejercicio del poder. Si bien desde ya se sabe que se está ante un nuevo estilo, como evidencia el uso de las redes para comunicarse, no se sabe si también frente a un cambio sobre el papel que ha desempeñado Estados Unidos en el tablero internacional.
Que el pueblo estadounidense haya elegido a Trump para que dirigiera su destino no es lo que está en discusión. Por ese apoyo es que precisamente se juramentó hoy como presidente de Estados Unidos. Lo que inquieta es que se alteren las reglas de juego que sumerjan a la humanidad en crisis que se tenían por superadas.
Como su principal socio comercial, República Dominicana aspira que las relaciones con la administración de Trump no sufran el menor contratiempo. Más bien que mejoren. Pero desafortunadamente no es la expectativa que se tiene por aquí ni en ninguna parte con la nueva era que se ha iniciado con el cambio en Estados Unidos.

