Los tres mil agentes que la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET) dispondrá para brindar asistencia vial en autopistas y carreteras resultarán insuficientes si persiste la locura de choferes y conductores, cuyo manejo temerario es causa principal de cotidianos accidentes de tránsito con saldo de muertos y heridos.
El operativo “Navidad sin Accidentes” procura reducir en un 30% los decesos por accidentes de tránsito, que según las autoridades han disminuido en un 21.5% en comparación con 2016, pero que es una cifra muy elevada en comparación con otros países de la región.
Los precarios niveles de educación vial y de civilidad que muestra una gran parte de conductores y choferes se erige como causa principal de tantas muertes provocadas por percances de tránsito en calles, avenidas, carreteras y autopistas, convertidas por la imprudencia y la temeridad en largos lienzos de muerte.
Los agentes de Amet que serán distribuidos por todos los corredores viales detendrán a conductores de motocicletas, automóviles, yipetas, camiones y patanas que violen la Ley de Tránsito, a quienes se les impondrán multas con montos de acuerdo a la gravedad de la infracción.
Lo deseable sería que choferes y conductores recuperen la sensatez o el buen juicio para que manejen con responsabilidad, sin la distracción del celular, ni consumir bebidas alcohólicas y en absoluto respeto a las señales viales. ¿Es mucho pedir?
El ejemplo
Honduras y Chile han experimentado experiencias electorales con resultados completamente diferentes, que sirven de ejemplo a toda América Latina sobre el camino que se debe seguir si de verdad se desea fortalecer a la democracia.
Las elecciones presidenciales de Honduras fueron traumáticas y sus resultados denunciados como fraudulento, al punto que la Organización de Estados Americanos sugiere que se celebren nuevos comicios, en claro cuestionamiento al triunfo atribuido al presidente Juan Orlando Hernández.
Sebastián Piñera ganó las elecciones presidenciales chilenas con un 54% de los votos y de inmediato el candidato perdedor, Alejandro Guillier, reconoció su derrota. La presidenta Michelle Bachelet invitó al mandatario electo a un desayuno. Chile es el ejemplo a seguir.

