Una áspera sequía que afecta gran parte del territorio nacional ha disminuido hasta en un cincuenta por ciento la producción de agua en Santo Domingo y obligado a las autoridades a restringir su uso y derroche.
La escasez de agua se ha agravado en la mayoría de los barrios y sectores residenciales, en muchos de los cuales el servicio es virtualmente inexistente.
Una situación similar padecen municipios y comunidades de las regiones Sur y Este, a causa de la drástica reducción de los embalses que alimentan acueductos y tomas de agua.
Se prevé que la sequía se prolongue por lo menos hasta finales de abril, lo que afectaría la producción de electricidad y de alimentos agrícolas de ciclo corto.
Resulta un contrasentido que ante tan drástica reducción en los caudales, se verifique derroche de agua en lavaderos de autos, regadío de jardines o en el funcionamiento de piscinas.
Es por eso que la ciudadanía debería atender al pie de la letra las recomendaciones oficiales para evitar derroche de un bien irreemplazable y ahora muy escaso, como es el agua.
Los institutos de Agua Potable (Inapa), de Recursos Hidráulicos (Indrhi) y la Empresa de Generación Hidroeléctrica (EGHI), están compelidos a conciliar un programa de aprovechamiento del agua disponible en los embalses para garantizar uso racional para consumo humano, en canales de riesgo y para generación eléctrica.
Ante el hecho cierto de que la prolongada sequía ha disminuido las disponibilidades de agua hasta en un 50 por ciento, la ciudadanía debería adquirir conciencia sobre la necesidad de ahorrar.
No parece justo que vecinos de algunos sectores residenciales incurran en derroche o uso imprudente de agua, mientras el líquido escasea en la mayoría de barrios y comunidades de provincia.
Ante la evidente carencia de conciencia cívica, las autoridades están en deber de evitar el derroche de agua al precio que sea.

