Opinión

Espacio de Hipólito y Danilo

<P>Espacio de Hipólito y Danilo</P>

La contienda electoral pasada enfrentó, en primer orden,  a Danilo Medina con Hipólito Mejía, resultando el primero electo Presidente. A ellos dos corresponde llenar el espacio político. Los que no participan en el juego, apenas son buenos para observar. Usurpan cuando pretenden tomar el papel que dejaron escapar. No pierden, pero tampoco ganan. De manera que Miguel Vargas, ausente y ajeno al pasado  proceso, se descalificó como interlocutor para  negociar con el futuro mandatario.  No puede ahora consultar con los organismos competentes.

Obedeciendo a la lógica del poder, es poco probable que Medina opte por sentarse a discutir los asuntos de Estado con quien no asumió la responsabilidad de participar. Si hay un código de honor que se respeta en política, es el de la coherencia y la lealtad, aún cuando   provengan del bando contrario. La utilidad del que se preste a ser quintacolumna en una disputa –por acción u omisión-, termina en el mismo momento en que se alcanza la meta.

La representatividad del partido mayoritario superado por Medina está ahora en manos de Mejía, no de Miguel Vargas. Con la suma de estas dos partes se arriba al consenso, lo que  realmente necesita el presidente para crear  el clima de gobernabilidad propiciatorio que le permita llevar a cabo los proyectos en carpeta y desatar los enredos dejados por su antecesor.

Cuando estás fuera del juego no dejas de ser un mirón, y los mirones son de cera. Hay una gran diferencia entre “hacer el juego” y jugar de verdad. Conversar o no con el presidente electo corresponde a Mejía, a las bases a y la dirigencia del PRD. Pero la cortesía y el protocolo mandan que la iniciativa deba partir del  dueño de la casa. 

Huelga señalar, por supuesto, la necesidad e importancia de este consenso. Sobre todo, si los funcionarios a cargo de entidades que manejan elevados presupuestos se resisten a ser sustituidos por cercanos y fieles colaboradores del nuevo mandatario, como parece estar ocurriendo. Uno de ellos, Celso Marranzini, vicepresidente de la CDEEEE, se atrevió a reclamar el derecho de permanecer en su cargo, pujándose de que lo atacaban para quitarlo. Reclamando, de manera insólita, la bendición y la gracia de Medina, la señora Candy Medina y el cardenal López Rodríguez [¡!]. Esta actitud se ha ido extendiendo, por contagio, imitación o derechos adquiridos. La adelantada campaña de Leonel Fernández aporta muy poco a unas armoniosas relaciones intrapartido. 

Situaciones como estas, suponen y convocan las fuerzas, en el PLD, el PRD, los partidos minoritarios y otras fuerzas cívicas en torno al Presidente que toma posesión el 16 de agosto. Representan posiciones  nada elegantes ni políticas, las de funcionarios negados a dejar que Medina actúe con manos libres. Esa de constituirse en representante de una fuerza sobre la cual carece de influencia y calidades para dirigirla es tanto peor. 

El Nacional

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