Son muchas las reacciones que ha concitado la rendición de cuentas del presidente ante la reunión conjunta de las cámaras legislativas, todas, en mayor o menor medida, influidas por los intereses que representan los opinantes, lo cual es normal, pero las valoro un tanto desprovistas de objetividad porque no concibo que se pretenda establecer que todo es negativo ni todo positivo.
De igual manera represento intereses, como todos, pero no reparo en admitir lo que me parece adecuado en la misma medida en que no vacilo en resaltar aquello de lo cual disiento.
En ese sentido, me parece que resulta evidente la manipulación de la realidad que se hace en el discurso con el ánimo de presentar un panorama que concite el despertar de un espíritu optimista que visualice el porvenir con esperanza. De eso, lo que está mal es que se ofende la inteligencia colectiva cuando se recurre a argumentos absolutamente insostenibles al constatarlos con resultados medibles de las variables en que somos deficitarios.
¿Cuál sigue siendo el gran soporte de la innegable popularidad que aún preserva el actual gobierno? Sin duda el manejo dado a la economía, lo cual, de ninguna manera, debe ser confundido con los mecanismos utilizados para producir ese tratamiento, ni con el agotamiento indiscutible que acusa el modelo que se ha seguido.
La continuidad en el tiempo de un crecimiento económico robusto, es un logro que quien se despoje de fanatismos debe reconocer, incluso, la disponibilidad de esa masa monetaria fenomenal es lo que ha hecho posible que las distorsiones que caracterizan nuestro aparato institucional, caracterizadas por nóminas súper abultadas, exenciones impositivas absurdas, pésima calidad del gasto, despilfarro incontrolable y corrupción seguida de impunidad, no hayan colapsado.
El peligro radica en que eso no dura para siempre.
¿Dónde está el flagelo mayor de los gobiernos del PLD? En que no han aprovechado la disponibilidad económica de la que han disfrutado para generar cambios estructurales que esta nación necesita, que son los únicos que pueden garantizar alcanzar nuestra consolidación democrática y niveles sostenibles de desarrollo.
Su fracaso principal radica en que sin poder esgrimir la excusa de falta de recursos no ha solucionado de forma definitiva uno solo de nuestros males seculares y, lejos de lo que se esperaba de ellos, han continuado la política tradicional, responsable del atraso histórico penoso que ha signado el Estado dominicano. En ese contexto, lo material es puro espejismo.

