¿Qué Pasa?

Esperanza, cuando el musical criollo  alcanza la excelencia

Esperanza, cuando el musical criollo  alcanza la excelencia

Y lo que ha logrado con Esperanza trasciende el hito informativo que da cuenta de un nuevo montaje de un musical de temática auténticamente nacional.

Bien visto, Esperanza trasciende el efecto mediático de la crónica sobre si mismo y encamina los ánimos y las certidumbres al convencimiento de que el dominicano es un pueblo bueno, en capacidad de darse y ofrecer lo mejor, el arte, la ternura, el ritmo, el canto a la vida. Esperanza puede ser eso. Puede provocar elogios, sugerencias para nominaciones al Casandra, puede referir el enorme talento resumido y que sacó provecho de si mismo para proporcionar al público una experiencia mucho más que grata.

Es una artista entregada el ideal de la estética en la escena cuando ella es expresión de vida, armonía, sincronización alcanzada al más alto nivel de trabajo y sacrificio durante horas, días, meses y años de ensayo y preparación en a golpe de cuerpo, al tenor del sudor incontenible y al altísimo precio de una dedicación exclusiva a la danza, para entregar, al final de la ruta, un espectáculo que el publico disfruta en dos horas.

En su trayectoria  en proyectos tan trascendentes como los musicales del maestro Amaury Sánchez  (quien se acerca ya con su musical Chicago), la Bruno ha querido orientar un aporte al musical de temática nacional, para lo cual tomó como base la obra popular de Juan Luis Guerra, estructuró un equipo de talentos artísticos y técnicos.

Esperanza es un musical que se valida la actitud que es necesaria para superar dificultades y vacíos de la vida real. Es,no dudamos al afirmarlo, uno de los mejores aportes al género musical criollo que hayamos visto.

 Actuaciones

¿Dónde y cómo consiguió Isadora Bruno tantos talentos para que dieran la dosis exacta de trabajo para la tarea planteada? La Bruno es una mujer bendecida, sin dudas

Nos impresiona la impronta artística de esta Ana Feliz, portadora de una  limpia y firme  voz que penetró a los corazones, afirmada con su personalidad grácil y penetrante; Marel Alemany, quien logra una versatilidad que muestra lo que es capaz de hacer cuando sale de los reducidos reductos del concierto  entre amigos; Laura Rivera, sencillamente talentosa y con una voz que merecería un lugar en el cancionero popular y un Tony Almont, un tipo auténtico para consigo mismo, un artista múltiple y con una autenticidad personal envidiable. Es tremendo cantante, bueno como actor y su aporte es fundamental.

Personajes de nivel no protagonista nos sorprenden: Tomás Cordero (Baní) muestra una enorme capacidad interpretativa, toma en serio su papel y desarrolla proceso de conjunto sencillamente admirables. Nuryn Sanlley y Frank Ceara, veteranos del género, ponen ese acento especial de veterana que eleva la calidad del conjunto interpretativo; Nasal Bogaert aprovecha muy bien sus talentos en el papel asignado, otorgado como anillo al dedo; Josué Guerrero sigue afirmando su capacidad, de la cual esperamos mucho más en el futuro.

 Escenografía

Giselle Madera merece todo el elogio posible. Trabajando con sentido de masas móviles a color visto, la visión artística de Madera, logra ubicar al público en los diversos escenarios, coronados con un novedoso manejo de ciclorama animado que acentúa los espacios. No trabajó con millones de pesos, pero sacó el máximo de provecho estético a todo lo que se le puso a la mano.

 Coreografía

Junto a las voces, la coreografía de la Bruno es el gran aporte de Esperanza. Su elenco dio la milla extra necesaria para corresponder a la inspiración  y al esfuerzo de esta gestora de la danza: movimientos en sincronía,  inteligentes soluciones de masa danzante, sobre todo para los cierres de los números.

 Vestuario.

Carla Carbonell se las ingenio para dar el toque estético visual necesario a los ambientes urbanos y rurales. Con gran dignidad y sentido, vistió a sus intérpretes, dando como resultado un vestuario acertado y armoniosamente concebido.

Tradición que inicia

Esperanza es el segundo musical de tema dominicano que se monta en este año, concretando una posibilidad de realización escénica que hasta hace unos años era un imposible. El musical como género es el más exigente de todas las artes escénicas en vivo  debido a que demanda el dominio de una serie de expresiones del espectáculo teatral (danza, actuación, canción, entre otras). El musical criollo es posible y sus experiencias (I Love RD y Esperanza) evidencian su valor estético.

Talentos y recursos

Isadora Bruno: idea, historia y coreografía; Música de Juan Luis Guerra; dirección teatral; Laura García Godoy; dirección musical  y arreglos: Janina Rosado; Guión de Giovanna Bonelly; escenografía: Giselle Madera; diseño y confección de vestuario: Carla Carbonell y sonido: Manuel Soribas. La orquesta de Juan Luis pone  una plataforma diferencial al espectáculo.

El Nacional

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