La reelección puede ser útil y necesaria cuando es limitada, legítimamente amparada en un correcto orden institucional, inexistente aquí. De manera que, con nosotros, no funciona limpia y libremente, aún en dos períodos consecutivos, como establece la Constitución. Otra sería inconstitucional, ilegal e improcedente.
Instrumento democrático dañado y corrompido por el PLD, sobre todo por Danilo Medina, que la impuso consecutiva en el 2015 para acceder a un segundo mandato de manera fraudulenta. Usó fondos públicos para esos fines y para salir electo nueva vez, conforme denuncias no aclaradas.
Sin que haya transcurrido este cuatrienio, evidentemente cuestionado (pendiente el caso Joao Santana), seguidores del Presidente hablan, sin el rubor ni vergüenza, de una nueva modificación constitucional que posibilite un tercer periodo a Medina, quien se ha reservado para marzo del año entrante una repuesta que la Constitución ya fija de manera taxativa: no hay reelección para un tercer mandato. Y punto. Tamaño irrespeto del Presidente a la institucionalidad.
Pero los escarceos reeleccionistas siguen a contrapelo del orden y este mandato. Buscan invalidar la actual Carta Magna, a como dé lugar. Se trata ahora de cambiar la misma que dio paso a este cuatrienio para volver a un texto que rehabilite a Medina, único ciudadano dominicano sin derecho a optar en el 2020. A la República no le han faltado enemigos, pero esta vez se rompe el saco.
Para que sea fraguada esta conspiración se necesita, primero, que no haya institucionalidad -que no la hay-, y malos dominicanos en el poder, que les importe un bledo su país y su posteridad, como ciudadanos y hombres públicos. Que no tengan reparo en sacarle la lengua a la nación. Pero también se necesita un pueblo gallina que, nueva vez, se deje engañar. Que no salga a las calles, que sea incapaz de asumir la denuncia y la protesta como antídotos efectivos contra la corrupción, la impunidad y los abusos de poder, entronizados por el PLD como partido Estado.
También es imprescindible oposición unida, firme y de pie, que eche a un lado los intereses grupales. Así, combativas y persistentes, las fuerzas enfrentadas a esta conspiración en curso, de seguro van a convocar todo el respaldo popular, sin reservas. Es inevitable que el 2020 pase balance, expulsando del poder a estos traidores de la patria, cuyos propósitos no van más allá del peculado y el enriquecimiento personal.

