Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Es imposible el pretender comparar con cualquier otro hecho ético o mucho menos, institucional, las diferentes acciones con apariencia de funcionalidad, decoro y concepto humano que llevan a cabo tantos funcionarios y políticos.

 Uno queda anonadado por la inmensa capacidad de cinismo e incongruencia con que estos muestran sus ejecutorias y que a la vez son presentadas como obras de eficiencia, altruismo y buena fe, cuando solo implican todo lo contrario.

 Claridad para la calle y oscuridad para la casa. Así actúan muchos llamados a producir luz en medio de las tinieblas de miseria que carcome nuestras instituciones, tanto sean civiles como militares o policiales.

 Somos un pueblo que ha llegado a la inmovilidad moral, todo es nada y la nada es el tema farandulero que entretiene. Mientras, la violencia es el factor dominante en un estado de desorganización ético, moral y económico donde las desigualdades son de extremo a extremo.

 Por eso estamos hartos de bancas de apuestas, porque nos regimos entre la fuerza que ejercen los que ostentan el poder y el azar al que se abrazan las grandes masas desposeídas que viven subyugadas a los caprichos de las capas dominantes, encabezadas por políticos venduteros de falsos e irrealizables sueños.

 No obstante, vivir entre este lacerante tedio y el casi olvidado orgullo de ser dominicano, de recordar las numerosas veces en que como pueblo hemos caído y vuelto a levantarnos, manteniendo por sobre todo el motivo mítico de luchar por los mejores ideales y aquellas tantas cosas que han costado mucha sangre a nuestra nación, es que mantenemos la esperanza, en cada ocasión que nos proporciona la libertad, de tratar de provocar cambios radicales, aún en plena paz.

Desde que nacimos como nación hemos estado bailando en la cuerda floja, al ritmo de los poderosos, de los políticos manchados por la corrupción, al ritmo del “quítate tú pa´ ponerme yo…”  y el país cae en lo mismo. Es tiempo de que renovemos los acordes de nuestro dolor, para ponernos a la altura de la esperanza. Recordemos los versos de Franklin Mieses Burgos: “Bailemos el furioso merengue que ha sido nuestro historia”, pero toquemoslo con el corazón.

 Se ha escrito, que la mirada no solo era el modo que tenían los griegos de acceder a su mundo, sino, que su comprensión del planeta se orientaba por el acto de ver. Pero, nuestros políticos no tienen la serenidad ni la humildad para contemplar lo que en verdad están llamados a ver. La prepotencia y el uso abusivo del poder no se lo permiten.

 Hoy, en campaña electoral, se embardunan de lo que ellos consideran el fétido lodo en donde habita la plebe, solo con el firme propósito de ir en busca del voto inconsciente, del voto fácilmente comprable, del voto ignorante, del voto que se bota en una esquina, y después de las elecciones, la ironía. Se encumbran a las nubes como dioses tutelares, vamos a decir, como si fuesen Júpiter, tal y como lo muestran Homero y Fidias, esto es, sentados sobre nubes de tormenta, sosteniendo en sus manos los látigos malditos que como rayos, acallan el sentir de los mortales desposeídos cuando claman igualdad, justicia o la migaja de pan prometido, del pan nuestro de cada agonía.

 Mientras tanto, prosiguen los meros paliativos anodinos y se incrementan los perversos, es decir, aquellos que no desperdician oportunidad para cometer injusticias, siempre y cuando no exista una fuerza exterior que lo impida. Son los motivos por los cuales oso visualizar, que después de estas elecciones, asistiremos a contemplar dos cadáveres políticos, enterrados en el mismo ataúd. ¡Sí, señor!

El Nacional

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