Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Amanecí optimista. Desperté creyendo que estaba dormido aún, pero estaba despierto sin saberlo. Satisfecho con lo que veían mis ojos en la televisión, justo hasta que el timbre del teléfono me hizo volver a la cruda y traumática realidad, a la percepción errada de que era real lo que estaba viviendo. Acababan de asaltar una señora en la esquina de mi casa. Qué vaina, lo bien que me sentía viviendo mi quimera.

 Percepción lo es todo, nada es real. Estadísticas bien conceptualizadas, matemáticamente bien elaboradas, que muestran y hacen realidad las utopías de alguien, funcionario, periodista o hasta ministro. La falsa percepción,  podríamos decir, -con ganas de joder-, solo está en la mente  de los que trabajan y pagan luz, gas, etc., que no quieren comprender que están equivocados, que la situación es  sólo producto de  eso: una falsa percepción.

 Esta situación es de fácil comprobación. ¿Apagones? Mentira, una mala percepción, ya que si el día tiene 24 horas y durante 12 de estas hay luz, entonces, de qué se quejan. Y como ha estado lloviendo, lo lógico es que se reduzcan un poco esas horas de luz pero nada para alarmarse, cuando pase esta temporada, volverán a tener más luz, pónganse en la onda de los optimistas y los expertos en estadísticas y percepciones así verán la “luz” de los problemas desde la óptica de los que no tienen problemas, ni siquiera de tránsito.

 Desvergonzados, por no decir otra cosa. Perversos, diría cualquiera sin ser necesariamente contrario al gobierno, pero como nadie dice nada, quien tiene que ponerle los puntos a las ies no se da por enterado, ya que las estadísticas y la percepción de los pendejos no le llega, precisamente porque estos teóricos infuncionales dicen que no hay problema, que todo es una falsa percepción, los jodidos siempre protestan. Tanto es así, que ni siquiera vale la pena saludarlos, por la sencilla razón de que somos demasiados.

 Y no hay que quejarse. Los que tienen el maligno subsidio a la energía eléctrica ni por enterados se dan. Más de veinte mil millones gastados en la misma maldita pobreza y todo sigue igual o peor. Veinte mil millones con los cuales se pudo hacer cualquier industria productiva donde los mismos beneficiarios de la dádiva podrían estar mejorando su futuro. Claro, que para que esto último suceda lo primero que hay que hacer es trabajar, pero eso, es antipolítico, ni pensar a poner la gente a trabajar para que se gane su sustento, que va, la democracia no lo permite.

 Es por eso que aquellos pobres padres de familia que sin saberlo se tragan una parte esencial del presupuesto, no protestan ni dicen ni “hi”, permanecen tranquilos porque para eso se los dan, y mientras tanto para los que pagan la luz que consumen, el gas que gastan, la basura que pagan, entre otras cosas, solo queda el estado de conformidad, de sumisión, de cobardía no sólo en este gobierno, sino que la vagancia, el ser padre de familia se ha convertido en la mejor profesión, mientras los demás callan, por pendejos.

 Se incentiva lo mal hecho en busca de un “logro” momentáneo para luego querer corregir la situación cuando ya prácticamente no hay remedio para la enfermedad, por lo menos, en un estado democrático. Para lo uno si y para lo otro no. Y cuando llega el caos vienen las justificaciones, “las malas percepciones”, como por ejemplo la de los motoconchistas, donde la percepción generalizada –no “cualquerizada”–,  es que el director anda en busca de dinero y solo por querer tapar el sol con un dedo.

 El imperio de la ley para los pendejos y los demás como chivos sin ley, -ver casos taxistas que se apropian de terrenos e intercepciones sin que autoridad alguna ponga el frente-. Se construyen autopistas que pasan fuera de los pueblos buscando eficiencia y seguridad y en un dos por tres, a la vista de todas las autoridades llamadas a proteger la vía, los mismos pobres padres de familia se encargan de “arrabalizarla” en un abrir y cerrar los ojos, siendo la autopista Duarte, desde el kilómetro nueve hasta Villa Altagracia el mejor ejemplo de irresponsabilidad compartida, tanto por las autoridades como por los privilegiados e intocables pobres padres de familia.

 La falsa percepción nos ha arropado. Dentro de esa teoría no hay esperanza de un mañana con luz, ni la utopía de no volver a ver jamás un orate, un minusválido o un niño haitiano buscándosela en los semáforos. Ni la esperanza del tránsito por la derecha y mucho menos que los energúmenos que andan al volante como si fuesen bestias en la sabana, conozcan lo que significa rebasar por la izquierda y volver al carril derecho.

 Y ni hablar que no hay autoridad para hacer cumplir esto, aunque yo creo que esto último es una percepción errada, porque los franqueadotes hacen bien su trabajo o muchos no tienen ojos para ver claro el problema. La dificultad no está en las carreteras, las voladoras, les aseguro que está en la cabeza perversa de los que les dieron licencia, en las autoridades que lo permiten y en los jefes empresariales –entiéndase los sindicalistas– que sólo les interesa su dinero y sobre la educación vial, ¡bien gracias! Indolentes politiqueros, creadores de caos. Así es y así seguirán hasta…¡Sí Señor!

El Nacional

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