Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

La simplicidad es el gran problema, y no es de ahora

Porque…“Las revoluciones se producen en los callejones sin salida”

Poco a poco, nos hemos ido acostumbrando a la actitud peligrosa de lo que sea más fácil. A buscar el camino que nos conduzca a la obtención de beneficios, riquezas y goce, procurando el empleo del menor esfuerzo y si no conlleva ninguno, mucho mejor.

 Los análisis los llevamos a cabo, buscando la conclusión más simplista, sin importar si es verdad o no, lo que sí importa es que sea rápido, beneficioso para nosotros a primera instancia y, por supuesto, con el menor esfuerzo posible. Así estamos como sociedad, así nos comportamos como país, así de alegres tratamos las cosas importantes de la nación y así de fácil, llegado el momento, nos sorprenderá la dura y cruel realidad, la amarga verdad.

 Un grupo de amigos y, no tan amigos, en diferentes escenarios me han cuestionado la razón por la cual, en estos desahogos sabatinos, me estoy dedicando a criticar, atacar y combatir al gobierno y sus funcionarios, comenzando por el presidente Leonel Fernández.

 Ahí está lo simple, el juicio a priori, como dice el burgo, “a lo volao”. Ahí estriba nuestra colectiva irresponsabilidad de querer ver, sentir y creer, lo que más nos conviene en el momento. Desgraciado engaño casi general, de querer ver la paja en el ojo ajeno, mientras el peñón nos cierra la visión. Claro, ese es el camino más suave, ese es el que se quiere ver y desandar.

 Los principios de nuestra pérdida de valores, están cimentados en una larga cadena de hechos, ocurridos al través de etapas, épocas y “eras”, que han dejado hondas y profundas cicatrices que como yagas se niegan a cerrarse y que nos hemos empeñado en ocultar, utilizando cuantas mañas nos sirvan, para tapar esas debilidades.

 Esta sociedad ha buscado, encontrado y le ha gustado, lo simple en todo. Somos ya una sociedad simplista que no se preocupa por profundizar nada, donde el concepto tiene una realidad muy diferente a la palabra que lo expresa y el sentido de la misma, no aparece siquiera en el espíritu.

 Así estamos, así somos ya. No hablo de este ni de ningún gobierno, caterva de pringosos. Estúpidos, hablo de todos nosotros, de nuestros políticos de siempre, de nuestros funcionarios de siempre, del conglomerado de ahora y de antes, de los “pecuecas” que usan Cartier en los pies y quieren dárselas de grandes señores y señoronas, o  acaso se creen que los que antecedieron a estos políticos vinieron de Marte.

 Búsquese las crónicas de hace dos, cuatro, diez, doce o veinte años atrás y verán lo mismo. Denuncias y denuncias de instituciones dejadas en banca rota. Síndicos gritando que los dejaron sin un centavo en las arcas, sin equipos, sin transporte, etc., etc.

 Que la corrupción nos ahoga en estos momentos, que la inseguridad es una falsa ilusión, una percepción errada, o acaso es de ahora que funcionarios se desviven por una encuesta o estadística hecha a su medida. Que hay muchos informes de “progreso y ganancias” de instituciones diversas, que constituyen el mejor homenaje que se puede hacer a la manipulación y la ignorancia. Anjá, ¿y este proceder es de ahora?

 Que la corrupción se para en la puerta de mi despacho, y quien lo pone en dudas, nadie. Lo que no podía ni se puede es abrir esa puerta, porque de así hacerlo, el tsunami que entraría arrasaría con todo a su paso. ¿Y, eso es de ahora?

 Que en muchos estamentos de nuestra sociedad, “intelectuales”, avezados oportunistas, mercaderes de todo y con todo, se desviven todo el tiempo tratando de “meter gato por liebre” en defensa de la pobre patria, cuando todos conocen que es en pos de un beneficio asqueroso que cada día los hunde más en el fango de la desfachatez, mientras los o la persona llamada a ponerle el cascabel al gato se hace o hacen los desentendidos, ¿es nada más, ahora?

 Joder, dicen los españoles. Todo es lo mismo. “Plus a change, plus c´est la meme chose”. El gran problema somos nosotros, todos. Es el sistema, que cual cañería hace tiempo se viene obstruyendo por la desidia, la corruptela y sobre todo, por la irresponsabilidad para actuar.  Y de así no ser, de cualquier manera, me sobra corazón, demasiado corazón, coraje y “colgantes”, para decirle mi verdad a quien sea. Júrelo ¡Sí señor!

Nosotros somos los únicos conspiradores: Vuestra Merced por haber agobiado al país con exacciones, y yo por haber querido libertar al pueblo de esa tiranía.”

Tupac Amaru

El Nacional

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