Para evitar terminar de hundirnos, hay que reciclar, basura y políticos
Porque El hábito es la segunda naturaleza
En ocasiones es fuerte expresar ciertos conceptos, ya sea por amistad o consideración pero, en momentos como los que vivimos, es cuando el buen discernimiento del hombre adquiere dimensiones insospechables para evitar o producir las desgracias futuras. Por eso estamos como estamos, porque en otrora no se ha hecho y hoy tenemos estas funestas consecuencias, que al menos nos permiten aún respirar. Podríamos decir, que nos han llevado entre amarguras y frustraciones.
Es como una desgracia que nos acompaña al parecer por siempre. Personas llamadas a ser que se desvanecen y calcinan en sus miserias y sus inflados egos. Personajes de nuestra historia que se ven atrapados por sus propios espejismos de progreso y modernidad.
Por eso, la inmensa mayoría de nuestros problemas como nación, son producto del accionar político. Si, negar y justificar toda la metedura de pata es lo común, el modus vivendi de nuestros dirigentes políticos, tanto en el Gobierno como fuera de él.
Nada es su culpa, nada es su mal manejo. Culpable son otros y para corregir esa situación nuevas leyes pero, claro, dejando siempre la vía que ellos mismos utilizarán como vía de escape.
Si la economía está mala, no es culpa del despilfarro, ni muchos menos el hacer lo que les venga en ganas con el mal llamado presupuesto nacional sino, y catalóguelo usted como quiera, que como quiera estará bien calificado, cuando alegan que el problema económico nuestro, los culpables son los países desarrollados que aspiran aún más, a vivir por encima de sus ingresos.
Nada tiene que ver con el derroche a trocha y moche de gastar cuarenta o más millones de pesos para ir a darles conferencias a encumbrados inversionistas que los lobistas se han encargado de hacer la honrosa invitación pero, que al final, todo se reduce a eso, gastos y satisfacciones de egos.
Por eso es, que al igual se recicla la basura, para sacar lo que se pueda utilizar de la misma, por igual hay que hacer con nuestra política y nuestros aventajados y desacreditados políticos.
Hay que reclamarle a Dios, por lo malo que es estar viviendo, ver, sentir y tener que compartir con estos egos inflados, llenos hasta el hartazgo de prepotencia y el tufo maloliente de este poder transitorio. Y lo peor es, que este proceder se ha convertido en un desgraciado cáncer que ha hecho metástasis y que amenaza peligrosamente a determinada clase política, la misma que permite y fomenta, no tanto ya el cabaret, el mercado de las hembras, sino, el desarrollo abrumador de las debilidades institucionales, provechoso caldo de cultivo para el desarrollo de la desgraciada y siempre maldita corrupción, y hasta del pensamiento.
Más impuestos, no para evitar un apagón general de División claro, que ellos mismos han creado sino, en verdad, para producir más dinero que les permita preservar sus amplios privilegios, su derecho celestial de hacer de la cosa esa que llaman presupuesto, un simple papel más como la otra cosa aquella. Se llega al tupé de ceder a aumentar cierta partida solo por un año, ¡y pa´qué má! Un alza en la energía eléctrica; un calor infernal y no se puede prender el abanico; alza continua en los combustibles aunque en otros lares bajen; el agua más o menos pura, no aparece; la luz llega en ocasiones.
Y la letanía continúa, cuatrocientos millones para acondicionar el estadio de pelota; otros tantos para alquiler de avión; unos milloncitos para los pobres conferencistas que tienen como profesión venir a decir lo que todos saben; un cólera matando gente a dos manos, producto de la suciedad proveniente de la misma pobreza extrema que está por doquier; un C zo fiscal, que no se explica para qué diablos lo hacen, porque asegún los que lo proponen, no va a perjudicar a muchos, ¿entonces?
En fin, que con to´esta vaina, no digo yo votar el golpe aún sea cada mes y medio y mejor si nada nos cuesta, porque de otro modo, mi hermano, hay que ser un verdadero y real pendejo para aguantar esta situación. Mientras, sería bueno, muy bueno, parodiar a Antonio Machado, el mismo de la pasión y pensar profundo, y decir para que muchos lo tengan presenten y no lo vayan a olvidar: Una república implacable y redentora. República que alborea/ con un hacha en la mano vengadora,/ república de la rabia y de la idea. ¡Sí señor!.

