Circo extravagante y ridículo, con esperpento y subsidios aún peores
Porque Quien no castiga el mal, manda a que se haga.
Definitivamente, como bien expresó un gran y estimado amigo, han perdido el sentido del límite. Tal y como les pasa a los dictadores y pichones de tiranos, que se dejan inflar, de tal manera el ego, hasta que les explotan el pecho y la cabeza, sangrienta y deshonrosamente, porque no puede aspirar a más, aquel o aquellos que muchas veces hacen el bien, para poder hacer impunemente el mal.
Están contaminados por irrealidades que solo existen en sus mentes calenturientas, producto del usufructo abusador y corrupto, de las libertades que permite la democracia.
Todo su accionar es colosal, toda y cada una de sus acciones son logros nunca vistos en gestión alguna y exigen ser reconocidos como tales y todo aquel que no comparta ese criterio, es simplemente, un cretino, inculto, incapaz de comprender su grandeza. Su soberbia no les permite admitir critica alguna, porque con el tiempo, además de su increíble ego inflado y narcisismo extremo, han hecho de ellos, como algo muy propio y natural, la expresión: L´État, C´est moi.
Miles y miles de millones de pesos en subsidios -con determinado retorno subterráneo-, a los pobres padres de familia del concho, con los cuales el mamotreto de la llamada Omsa claro está- gerenciada, no regenteada como una institución de caridad, podría tener guaguas en todo el país con circulación cada determinados minutos, dejando que el concho aumente hasta donde les de la gana, porque la omza, sería un efectivo medio de transporte. Más seguro, económico, limpio y rápido. Pero eso no es lo que piensan y han pensado los sabihondos teóricos, es mejor proseguir dando dadivas y regalando lo que nada les cuesta.
Pero, el descaro político es lo que impera. Se continua con el grifo abierto, por donde se van diario millones y millones para darles luz a los pobres que no la quieren pagar, mientras no apagan un bombillo, poseen neveras, planchas y cuantos aparatos eléctricos hay en el mercado. Y es claro, su uso no les cuesta un centavo, mientras clavan a la clase media el pago de esta desfachatez y que además tiene que pagar consumos y tarifas de acuerdo a la cantidad que deseen recabar, para compensar a los que no pagan.
Pedantería y narcisismo es lo que no ha permitido utilizar esta diarrea de dinero en donde en verdad lo necesita el país. Si esos mal llamados desamparados de la fortuna necesitan electricidad ¡que la paguen! Al igual que los demás y si desean protestar, que lo hagan, pero que paguen.
Mientras tanto, continúa el abuso descarado y continuo de la clase política, creando y dando a trocha y moche. No le paran bola a nada ni nadie con tal de hacerse los graciosos, los líderes, concediendo cuantas diabluras se les ocurran o soliciten, siempre que no afecten sus intereses mediatos. Porque más allá no les llega la vista ni ha la esquina. No perciben que mas temprano que tarde, lo que están haciendo, es afilando cuchillo para sus propias gargantas.
Y, entre una y otra, campean las mentiras y los engaños, porque simplemente han perdido el sentido del límite. ¿Qué el cólera desborda los hospitales? ¡Mentira! Pero, hay que acostar los enfermos en catres ante la cantidad de enfermos y la carestía de camas. ¿Qué en las cárceles, por igual, se mueren por la misma enfermedad? ¡Tremenda mentira! Se mueren de diarrea. ¿Qué en la Victoria hay enfermos de la misma desgraciada pendejada? ¡Mentira, es que los chicharrones les hicieron daño! ¿Continúo? Pero, pa´qué, si lo que ocurre lo sabemos todos y quizás solo estamos en espera de una revolución moral, como única esperanza del retorno de la ilusión de ver un país diferente, que hasta ahora, es solo una utopía. ¡Si Señor!

