Quisiera no tener que embardunar esta página y mucho menos causar resquemor a alguien que le despierte las ganas de polemizar o peor aún, que vaya a creer que estoy en contra o favor de tal o cual cosa, muy a pesar de que me importa mucho más lo que pienso de mí mismo que lo que los otros opinen de mí pensar.
No señor. El gran problema es que desde el hondón del alma me nace no quedarme callado ni mucho menos. Y, como no puedo pararme como un loco a bocear en cualquier esquina, decidí mejor, escribir un poco sobre lo que me produce esta rebeldía interior.
Tenemos que vivir el hoy pensando en el mañana, sin olvidar el ayer. Este es el caso pero, como siempre, el bendito pero. El hoy es lo que a muchos les ha dado por llamar la sociedad del futuro, la época del vanguardismo tecnológico y, por qué no, hasta la era donde la solución de los problemas tiene que hacerse en base a consensos y negociaciones. Esto incluye, hasta cuando se trata de la vergüenza, la lealtad y la moral.
Por suerte, no hay tiranos ni tiranías ¡Mentira! En esto es que estriba el gran engaño vanguardista, porque al vivir en esta acelerada y moderna época, todo cambia de significado y ropaje. Las grandes tiranías de hoy, no son cimentadas en el fusil sino, en la sutileza del lenguaje, para engatusar, manipular y someter las grandes mayorías semi-analfabetas, a los caprichos y los encantos artificiosamente consensuados, que son peores que permanecer en un nauseabundo cadalso.
Esto es así, porque manipulan mediante el engaño y el juego asqueroso de premisas semi-ciertas y premisas falsas, hasta el pensar y quizás, el poco discernimiento que acompaña a los desposeídos de los más elementales instrumentos del llamado vanguardismo tecnológico del saber y del conocimiento.
Si se hablara el lenguaje de la modernidad sin manipulación, fuese otra cosa. Pero, quizás de la mano con el referido progreso, haya crecido mucho más el cinismo en la oratoria, para un mayor engaño y justificación de las llamadas indelicadezas.
Mañana habrá más tecnología y progreso que lo de hoy día, pero, el motor generador de esos adelantos continuará en esencia siendo el mismo el hombre. El hombre con todas sus virtudes y defectos, aunque en estos últimos y según pasa el tiempo, se hacen más sofisticados y descaradamente inmorales, ambiciosos e indolentes.
De la política, ni hablar. El adelanto del clientelismo ha sido asombroso y en cuanto al descaro para justificar el mismo, aún más. Estamos desarrollando de manera tal, que hasta la fórmula para acabar con la pobreza, lo que no habían podido ni las grandes potencias, por fin la encontramos. Y, todo esto, con menos de mil pesos mensuales.
Ya no es necesario crear nuevas fuentes de trabajo, debido a que con el trabajo solidario ya la gente puede comer y elaborar sus suculentos manjares, sin tener que trabajar. Total, solo se han gastado unos diez mil milloncitos de pesos hediondos que no sirven para otra cosa. ¿O diga usted que puede hacerse con esos pesitos, que produzcan trabajo y crecimiento para estos desamparados, hasta de voluntad?
Por hoy, concluyo, no sin antes decir, que se puede manipular con teorías y buena elocuencia el razonar de muchos pero, debido a que la mente lo puede asimilar quizás sin trauma mayor, esto no ocurre por igual con el estómago. Porque el estómago es rebelde y puede en cualquier momento, mandar la mente y sus manipuladores, a las mismas puertas del infierno, sin retorno posible. Y como ya conocemos la canción que nos dice aquello de que hasta la belleza cansa, aprovecho y digo además, que: Una persona cambia por tres razones: aprendió demasiado, sufrió lo suficiente o se cansó de lo mismo. ¡Sí, señor!

