Un mal día, fastidioso, con los demonios sueltos
Porque El gobierno perfecto es aquel bajo el cual una ofensa al humilde es una afrenta para todos.
Todos hemos tenido días malos. Un mal día, de esos donde sin razón u ordenamiento visible, se presentan diferentes elementos, uno detrás de otro. A tal grado que dejan trastornado el sentimiento de una manera misteriosa y que sin ser determinantemente desgracias o que lleguen al extremo de lo malo o trágico, nos fastidian el momento y en ocasiones hasta la vida misma por un largo tiempo.
Es, cuando intentamos refugiarnos en un Pluscuamperfecto de Futuro, como Carlos Marzal y poder decir que Cuando deje las sábanas, mañana/ pensaré que mi sueño de la noche/ no ha sido sólo un sueño/ y que lo que me aguarda no es la huraña/ mañana de mañana. Huir del toro o, tomarlo por los cuernos hasta que todo concluya, de la manera que sea pero, que concluya.
Mientras tanto, políticos y funcionarios, de arriba como de abajo, se reparten el país, siendo generosos con los pobres padres de familia, dándoles lo que no le corresponde, ordeñando las tetas del Estado al igual que otros tantos, autotitulados reyes de los miseriosos, por las canastillas, salamis o cuantas hermosuras paupérrimas se le ocurran, siempre y cuando la virgen los ilumine para tales acciones, mientras otros tantos dominicanos son marginados de todo y por todos.
Pero, así somos. Tanto los políticos como determinados funcionarios, se creen en el derecho de repartir y donar a los marginados por la ley y la sociedad, claro sin poner un centavo personal, mientras las instituciones cada día más se van al carajo. Hay que crear programas de engaños para obtener el voto de los miseriosos, un voto barato que a los políticos y los partidos no les cuesta un centavo.
En los barrios marginados hay que subvencionar la corriente eléctrica porque sus habitantes no tienen con qué pagarla y si intentan cobrarla, se jodió el voto, porque los de oposición entonces se aprovechan de esa situación, porque es el mismo juego de repartición entre gatos y ratones. Mientras tanto, vaya usted a ver acondicionadores de aire, prendidos las 24 horas del día. Claro, si sólo pagan trescientos o quinientos pesos al mes, entonces, déle pa´lante, que los pendejos de la clase media la pagan por ellos.
Y no hablemos de aquellos políticos y supuestos líderes, cabezas de entelequias políticas que eufemísticamente tienen el descaro de llamarlos partidos, creados con el único propósito de ordeñar la vaca del Estado, debido a que si van solos, en las elecciones, no llegan ni siquiera a una asociación de vecinos.
Pero eso sí, son especialistas en crear imágenes, que utilizando al máximo el poder mediático y andando el día entero de emisoras en emisoras, de plantas televisión de aquí y allá, de programas interactivos y charlas, pretenden y esperan que esas caretas, los ayuden a despojarse de sus temores, sus descaros y mientras tanto, les ayuden a permanecer subió en el palo.
Tenemos que llevar a cabo, por encima de quien sea, cosas, hechos, ideas futuristas que nos permitan y les permitan a las futuras generaciones respirar aire y ambiente puro, de libertad, de bienestar, de moral y no solo continuar hablando en un lenguaje donde todo es en futuro pluscuamperfecto, lleno de irresponsabilidades, intereses económicos y personales, completamente espurios. De alguna manera, hay que detener esas ambiciones políticas corrompidas, llevadas a cabo por los falsos apóstoles que ofrecen la gloria en campaña y, al llegar, implantan el infierno.
Mientras tanto, los herederos de la premonición y predictores de fábulas y desgracias, claman ¡silencio! Prohibido hablar, defenderse o alegar abuso. LÉtat, c´est moi, nadie me puede cuestionar, para ser lo que se pretende ahora. Qué bien, qué bonito y no importa de qué se trate, ¡silencio! O soltamos los perros, parece ser la consigna. Sólo los fabuladores y difamadores tienen derecho al menos eso se están creyendo para reclamar sus derechos y proclamar en el espacio que sea, lo que se considera un abuso, basado en una interpretación selectiva y medalaganaria de la cosa esa a la cual le llaman ley pero, que sólo es aplicada a la gran familia de los pendejos.¡Sí señor!
Para que un imperio esté bien gobernado es necesario que el rey y todos los que ejercen autoridad obedezcan las leyes como simples individuos.
Pítaco de Lesbos.

