Al poner en circulación la obra Las mismas creencias, el mismo pensar
Porque de nada vale vivir postrado, sumiso, sin honor y callado
El preguntar qué es un libro, sería semejante al clásico poema que cuestiona ¿qué es el beso? Y en ambas, parodiando la última, yo respondo que un libro es como unión de sentimientos y pensares, donde un hombre, olvidando bajezas y temores, expone los mejores pensamientos y aptitudes que guarda en su interior, con la ilusión o quimera, de lo que expresa y cree, ver como semillas esparcidas al viento y quizás, como algo utópico, con la esperanza de que algunas se depositen en fangales y basureros morales, que los conviertan en frescos y bellos jardines de moralidad. Claro, que esto constituye un decir, quizás hasta una locura.
Por eso, en compañía de unos cuantos selectos y honorables amigos, decidí, darle vida pública, cual si fuese una quinceañera a este engendro de páginas al vuelo, que para estar a la moda, me dio por titular: Las mismas creencias, el mismo pensar, partes 1y2.
Aunque bien, podría llamarse Libro de reclamaciones morales o Libro de estilo. Llámelo como mejor le plazca, total, esto continuará siendo para mí, de todas maneras, simplemente, lo que es, consciente de que, como expresó Walt Whitman, Quién toca este libro, toca un hombre.
Pero, llegó el otoño y mi granero está vacío. Mi mente también, creo, se encuentra en ese estado, al igual que los árboles que dejaron caer sus últimas hojas ya marchitas, esas mismas que tuvieron verdor, como nuestro país, como esta sombra que ya ni sombra es de lo que era o se esperaba que fuese. En parecido proceso y por momentos, parecen desvanecerse mis creencias y los que quizás a priori, figuraban como los paradigmas que las mantenían en pie, que cual ídolos de barro, a posteriori, en este tiempo otoñal, caen al vacío, estrellándose contra la cruda realidad, volviendo a lo que siempre en verdad han sido; fantasías bien orquestadas, eso y nada más, fantasías y polvo, al fin y al cabo.
La rebeldía, condición sine qua non para sentir dolor cuando se piensa y se vive dentro del honor, de los buenos principios y la siempre ética, que contraria a la moral, no cambia el ropaje según la época que le corresponda existir, es la culpable, es quien ha producido estos libros y es la que nos sostiene, esperando ver el renacer del bien accionar, aquel que nos hace diferente en el comportamiento a los animales.
Porque, sin ese espíritu de rebeldía, indiscutiblemente que nos convertiríamos en esclavos de aquellos que han perdido hasta la vergüenza. Nos convertiríamos en títeres o seres amargados, de esos que en sus lamentos se olvidan que no solo con rezar se llega al cielo y padecen la peor tragedia que puede acometer un hombre serio, tal como expresó Albert Schwitzer, La peor tragedia de la vida es, lo que muere dentro del hombre, mientras vive.
Por eso estos libros, por eso este pensar, por esto, esta rebeldía a permanecer callado y sumiso ante la avalancha de fetidez moral que día a día nos quiere asfixiar. No es como digo alguien que me considera al parecer más pendejo de la cuenta, porque no necesito por interpósita persona decirle a quien tenga que decirle lo que creo, pienso y siento. Por eso, aunque le pese a quien le pese, con responsabilidad meridiana sostengo, que definitivamente, en estos momentos, como país, estamos jodidos.
Y, mientras el hacha va y viene, nuestras instituciones se desmoronan, se deshojan como árboles en invierno, pero sin la majestuosidad y lo erecto que estos exhiben, más bien, la genuflexión es lo general y no lo particular en la mayoría de nuestros organismos estatales, de lo cual no se eximen nuestros institutos armados y policiales, los cuales están sujetos al capricho de un grupo de espalderos y guardaespaldas, que sin autoridad legal alguna, dirigen como burdos titiriteros, los destinos de las mismas.
Aunque le pique al mismo demonio y como parte de este desastre institucional, siempre hemos expresado que no hay contrabando de lo que y por donde sea, sin el contubernio de las autoridades, ya sean, civiles, militares o policiales. Y, mientras se prosiga con el dejar hacer dejar pasar, porque está enllavado con tal o cual, o sea aliado, continuará la debacle, tanto de los organismos de seguridad, instituciones políticas, estatales y sobre todo, en las FF.AA. y la P.N. las cuales salvo honrosas excepciones cobijan a verdaderos gángsteres, protegidos políticamente e inclusive algunos, por verdaderos padrinos, con libre acceso a despachos y antedespachos conocidos por todos. Después de esto, que entre el mar, si quiere.
Y quizás, solo quizás, no sean estos perversos los principales culpables de esta situación, sino, de quien lo permite y aupa, violando, como bien expreso en su momento el doctor Balaguer, el pedazo ese de papel que llaman Constitución cuando les conviene, y por arrastre, se llevan entre los dedos las leyes y reglamentos que rigen o debieran de regir estas instituciones.
Quizás por eso, en algún momento seria bueno y saludable revisar la relación entre la política, los militares y policías, quizás, comenzando por el derecho al voto. Porque esa relación en la actualidad, viene siendo como el juego de béisbol, que estando usted a la ofensiva -en este caso, tener la fuerza-, es el otro equipo quien controla la pelota.
Como todo es quizás, quizás por lo que está pasando, lo que se sabe y lo más que no se conoce públicamente, no es como piensan algunos: estas no son las fuerzas armadas del pasado, quizás por eso, es que aún en este país podemos proseguir con el juego sucio de un grupito de políticos malvados y corruptos que nos han hundido en el más grande endeudamiento jamás pensado y que alegre y desvergonzadamente pretenden continuar, porque hasta la vergüenza la han mandado de vacaciones.
Por respeto a la democracia, la misma que políticos llenos de iniquidad se aprovechan con argumentaciones pendejas, perversas y descaradas, esos mismos que manipulan leyes y hacen acopio indebido de los bienes y la seguridad general del pueblo para sus propios beneficios y proyectos, convirtiéndose en reales y verdaderos tiranos, cubiertos bajo el manto de la democracias y quizás, solo quizás, por esos militares profesionales, tanto dentro como fuera, es que aún aquí, en este paisaje que se encuentra en el mismo trayecto del Sol, es que no se ha armado, el famoso sal pa´fuera. Por eso, tarde o temprano, habrá que abocarse a revisar esta relación político-militar. En adición, reitero, ante este abusivo debacle institucional, quizás, como expresó el general Mcarthur, muchos militares y exmilitares hemos tenido que parodiar en diferentes momentos sus mismas palabras, cuando le informaron sobre una orden directa del Presidente, cito: Eso forma parte de un concepto peligroso, de que los hombres de las Fuerzas Armadas deben su lealtad primaria a estos ocupantes temporales de la Casa Blanca, en lugar de el país y la Constitución que estamos jurados a defender.
Pero, como estamos en Navidad y para no extenderme más, concluyo, como ratificación de todo lo anterior, de que si la amistad es un pecado, irremediablemente estoy condenado y por eso, me permito dejarles estas reflexiones: No vivan dando tantas explicaciones, tus amigos no las necesitan, tus enemigos no las creen y los estúpidos no las entienden. Al igual que: Si algunas personas se alejan de ti, no te pongas triste es la respuesta de Dios a tantas veces que le pediste ¡Líbranos Señor de todo mal! Simplemente, geniales. ¡Sí Señor.

