El acto libre de la mente para establecer una relación con el objeto, es lo que llamamos intención. En adición a esta actitud, existe eso que origina en una persona el sentimiento intenso por conseguirlo y que llamamos deseo. Si además una persona posee la facultad para gobernar sus actos, decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinada, entonces, decimos que esa persona tiene la voluntad, la intención y el deseo firme de hacer tal o cual cosa.
Por eso, creo que el actual Presidente, está bien intencionado y hasta ahora, la mayoría de sus actos, nos llevan a creer que es así.
Con cosas sencillas, le ha proporcionado más heridas mortales a Trujillo, para terminar de eliminarlo, que todos los presidentes anteriores. Un Presidente en cuerpo de camisas en La Barranquita; un Presidente humano; un Presidente que con silla o sin ella, es un Presidente, que no necesita decirlo ni recordarlo, porque la Presidencia es él; un Presidente que si los dinosaurios y vividores del Estado no lo obligan a cambiar su proceder, está demostrando, que en verdad lleva el pueblo en el corazón: en fin, un Presidente hasta ahora, sin pretensiones monárquicas o ambiciones de una simpatía o liderazgo más allá de lo normal y moralmente aceptable.
La trémula luz que se cuela entre las ramas casi desnudas de un árbol que veo, pero desconozco, en este opaco verano que se avecina, lleno de incertidumbres y oráculos malditos, me retrotrae a recuerdos siempre presentes, de los cuales no se puede desprender un ser humano que dirige a otros y, que gracias a esfuerzos inauditos ha logrado superar esas carestías y sinsabores, ocurridas en su vida inicial.
No puede sentir vergüenza, un triunfador, que conoce en carne propia lo que significa el hambre, quizás por haberla visto o padecido; por los quebrantos e incomodidades de tener que dormir tres o cuatro hermanos, en una misma cama y sin abanico. No puede sentir vergüenza y mucho menos tratar de ocultar u ofenderse, si un amigo le recuerda los tiempos cuando siendo pequeños, con un babonuco o rodillera como le llaman por el sur encima de la cabeza y con una lata casi de su propio tamaño, cargaban agua, para lata a lata, con un recorrido de casi un kilómetro, llenar el tanque de agua, que almacenaba la misma, para uso en el rancho.
No puede ser vergonzoso, más bien, debe constituir un orgullo el haber conocido y vivido tales calamidades y haber superado esa situación y, que hoy, le permite comprender a plenitud y luchar contra la desgracia que significa, vivir en la miseria.
Solo eso necesitamos como país. Un Presidente humano, con raíces sensibles que no les permiten olvidar y le dan la fortaleza necesaria, para hacer lo que nunca se ha hecho. Muy a pesar, de ser el Presidente que ha tenido la desgracia de ser el gobernante con menos tiempo disponible para gobernar, para hacerle frente a la increíble inmensidad de problemas, que tiene y debe de resolver.
Es imposible conocer las interioridades de un ser humano y del por qué reniega de sus orígenes, para convertirse en otra cosa, muy contraria a lo que debió de ser. Pero, aunque reconozco que nunca se pueden conocer los pensamientos y las ambiciones que se aniden en las misteriosas honduras del ser humano, yo, hasta este momento, creo en la sinceridad, el deseo y la voluntad de trabajo del Presidente Danilo Medina. Reitero, respetando lo que puedan pensar otros, porque al fin y al cabo, lo que los demás piensen, es solo y solo eso, ¡lo que piensan los demás! ¡Sí, señor!

