Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Se agotan los manantiales de la elocuencia, para poder justificar y sostener el caos

Porque…“en qué consistirá que la pobreza  y el genio sean hermanos”.

Con la pistola al cinto y el ánimo endiabladamente molesto, tenemos que admitir, que vivimos en un país variopinto y distinto del proyecto original. No reaccionamos moralmente mientras los que nos dirigen, los cuales deberían ser el centro moral de todos los ciudadanos, nos convierten en habitantes de una región, que en verdad, es una colina de lepra moral.

 Al parecer, estamos atrapados en medio de un pedazo de tierra carcomido por una incontrolable epidemia de lepra y tuberculosis moral y ética.

 Todo se circunscribe a “puro teatro”, como cantaba La Lupe. No les produce asco emprender cualquier acción que los conduzca a la obtención de lo que apetecen, por más inmoral y abusivo que sea. Persisten en la utilización de todos los recursos ajenos, sin querer entender su “asqueante” estupidez. Y como dice el adagio italiano, cuanto más suben, como el mono, más muestran el culo.

 Es por este accionar, que los pueblos se vuelven descreídos y actos como “las evaluaciones” para escoger a los jueces de los nuevos tribunales, nos hacen pensar, que se parecen muy, pero muy, muy mucho a los “concursos” de instituciones públicas, para obtener bienes y servicios, donde desde antes de su publicación para abrir los mismos, ya de antemano se conocen los “ganadores”.

 Estamos mal y vamos peor. Siempre y cuando, los aduladores, esos que constituyen el peor cáncer para un líder, continúen bombardeándolo con adulaciones y endiosamientos, que carcomen la parte más sensible e importante del mismo… ¡su ego!, el cual los hace creerse verdaderos señores feudales, olvidando con extrema facilidad, que somos o pretendemos ser, una república, donde no existen reyes ni monarcas y mucho menos esclavos.

 Es por eso, que algunos de estos líderes, al verse en los espejos, muy orondos, borrachitos de poder, se halagan ellos mismos, diciéndose: “es verdad, qué grande me he dado, estoy acabando…” Claro que sí, que están acabando pero, con la dignidad, el orgullo y los mejores principios de aquellos que aún han podido conservarlos. Están acabando “contó”, en la misma proporción que se les agota la elocuencia y los argumentos para justificar este “desmadre”.

 Así, de salto en salto y continuas frustraciones, nos damos cuenta, parodiando al gran Marco Aurelio, que “aquel que anda derecho por el camino de la vida, el contraste de sus costumbres, con las del tiempo presente, se atrae enseguida el odio de los demás, porque nadie ha de alabar en otro las virtudes que a él le faltan”.

 Estamos jodidos, y al final del túnel, hasta la luz se ve difusa, como si fuese extinguiéndose cada día más con cada acción indelicada  llevada a cabo por los perversos. Porque, como escribió la famosa escritora rusa, conocida bajo el seudónimo de Ayn Rand, “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted…”, entonces, definitivamente, comprenderán que el famoso progreso, no es más que una ilusión, un espejismo y que estos políticos sinvergüenzas, nos han jodido el país y por ende, la vida de todos y cada uno de nosotros.

 Es por todo esto que no puede hacer cambios y no puede haber, porque no existe la vocación ni mucho menos la responsabilidad política para hacerlos. Esa misma que ha estado ausente, permitiendo que indelicados dirijan, por ejemplo, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, cual si en vez de ser instituciones, fuesen marionetas dirigidas por las manos hábiles de dos o tres titiriteros, por demás ineptos, irresponsables y corruptos, lo que ha contribuido al debacle de las instituciones, en cuanto al mando y control, organización y disciplina de las mismas, donde, aparentemente, hasta el orgullo de pertenecer a ellas, se ha ido por la cloaca. ¡Maldición y no termina de amanecer!¡Sí señor!

El Nacional

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